ESPAÑA SE NEGOCIA EN UNA CÁRCEL

Las seis imágenes que España ha ofrecido al mundo en las últimas horas resultan indiciarias del ciclo político que se avecina con un Gobierno cuya receta es la radicalidad ideológica y el populismo extremista.

La primera es la del abrazo que se dieron Pedro Sánchez y Pablo Iglesias simulando no ser dos dirigentes políticos que quieren destruirse mutuamente.

La segunda fue la de las dos fronteras españolas con Francia cortadas por separatistas con la anuencia imprescindible de la Generalitat para causar disturbios y hacer el mayor daño posible.

La tercera, simultánea en el tiempo, fue el desprecio que ambos dispensaron al Rey al anunciar su acuerdo mientras estaba de viaje oficial en Cuba y era forzado a fotografiarse con la imagen tardocomunista del Che Guevara como anfitrión.

La cuarta es el Parlamento catalán declarándose en rebeldía frente al TC y votando una iniciativa favorable a la secesión. Y la quinta, la de la mendicante actitud del PSOE hacia un «preso político», según Iglesias, y un delincuente, según el Tribunal Supremo, como es Oriol Junqueras, de quien hoy depende sustancialmente la gobernabilidad de España. Remata tan inquietante collage, el narco-general chavista, exjefe de la Inteligencia bolivariana, que se escapa antes de ser extraditado a Estados Unidos.

Este álbum fotográfico de solo unas horas en nuestro país apunta maneras de incertidumbre en el exterior y precaución en los mercados. Son instantáneas que perjudican la percepción de España como un país moderado que ha consagrado su democracia como una de las mejores del mundo.

Son poco halagüeños los indicios que ofrecen el PSOE y Podemos con su pacto, que necesariamente tendrá que ser avalado por activa o por pasiva por ERC. Y este partido, hoy comandado desde una cárcel, ya reactivó ayer su exigencia de «relatores» para proseguir el proceso hacia la independencia de Cataluña.

Algo que resulta desconcertante para la convivencia y para el fortalecimiento del sistema ante la ralentización que asoma se ha viciado en 48 horas. Son elocuentes la réplica de la Bolsa, el justificado temor expresado por los empresarios y la soberbia con que el separatismo ha puesto precio a la investidura.

Y queda Otegui, otro asiduo de la cárcel, este no por sedición sino por terrorismo, que ayer se ofreció a Sánchez porque igual resulta indispensable… A lo mejor, era más solución seguir en el bloqueo.

Manuel Marín ( ABC )