ESPAÑA YA EXISTÍA…

Mucho antes de que confluyeran los intereses de la burguesía industrial periférica con los más bajos instintos tribales y el supremacismo racial o lingüístico, para alumbrar los nacionalismos catalán y vasco, a mediados del siglo XIX, España ya era vieja. Existía como comunidad de intereses, como solar de gentes vinculadas por una cierta conciencia común, al menos desde que san Isidoro de Sevilla cantó sus bellezas en una célebre oda escrita en época de los visigodos.

Después sobrevino la invasión musulmana y España se empeñó en volver a ser, hasta el punto de pelear durante ocho largos siglos para ganarse el derecho a recuperar su esencia, sus raíces cristiano-romanas y el espacio que por posición y vocación le correspondía ocupar entre las naciones más prósperas, actualmente encuadradas en ese club de privilegiados que es la Unión Europea.

España era España antes de Franco y lo ha seguido siendo después. Renegar de sus símbolos, su bandera, su formidable legado cultural y su indiscutible influencia en la construcción del mundo tal como lo conocemos hoy, simplemente porque un dictador los utilizara en su beneficio durante un paréntesis insignificante en términos históricos, denota una profunda ignorancia, un sectarismo feroz, o una perversa mezcla de ambos. Un cóctel letal que la izquierda se empeña en apurar voluntariamente e intenta hacernos tragar a los demás hasta las heces.

España ya existía y era mucha España antes de Sabino Arana, de Pi y Margall y desde luego de Junqueras, Puigdemont o Sánchez. Ni que decir tiene que les sobrevivirá, se pongan como se pongan, aunque es probable que debilitada, como consecuencia del esfuerzo ímprobo que unos y otros despliegan con el afán de destruirla.

En el caso de los catalanes y vascos se comprende: ese propósito constituye su única razón de ser. ¿Pero el presidente del Gobierno? Él encarna el paradigma del suicidio ligado a una ambición desmedida. Es sabido desde antiguo que los dioses ciegan a los hombres a quienes pretenden perder. A Sánchez le han arrancado los ojos para guiarle directo al abismo.

Reducir la «memoria histórica» a una versión tuerta de lo acaecido durante y después de nuestra Guerra Civil, a costa de reabrir feas heridas curadas, que los protagonistas de esos hechos habían decidido olvidar, denota una carencia de escrúpulos impropia de quien gobierna a todos los españoles, incluida la abrumadora mayoría que no le ha votado a él.

España ya existía antes de esta traidora embestida y existirá cuando sus actuales dirigentes sean polvo. Existirá en su arte, sus monumentos, sus hazañas históricas, su literatura universal, su formidable patrimonio material e inmaterial acumulado durante milenios.

Existirá merced al patriotismo cultural (la feliz expresión acuñada por mi admirado Fernando García de Cortázar) de cuantos contribuyamos a conservar y difundir ese legado a través del periodismo, el ensayo, el cine o la novela histórica, lanzada de la mano de un grupo de escritores patriotas al rescate de ese pasado común, hoy retorcido y tergiversado con fines políticos cortoplacistas ajenos a la verdad y a la más elemental decencia u honestidad intelectual.

Existirá mientras existan gentes dispuestas a defenderla, por muchas batallas que perdamos o fuerte que golpee en el ánimo la tentación de desistir.

Isabel San Sebastián ( ABC )