ESPAÑOLES CONTRA ESPAÑA

No es sólo el secesionismo el que arremete contra España con todo tipo de armas, desde la mentira a la guerrilla urbana, como estamos viendo en Cataluña. Con ser grave, más lo es que se les unan quienes por una razón u otras, y a veces sin ninguna, quieren acabar con ella, al menos en su esquema actual. Y lo que resulta mortal de necesidad es que ocupen puestos relevantes en el Estado, que también los hay.

Empecemos con el peligro más inmediato: el independentismo catalán que ha reaccionado a la sentencia del procés con un alzamiento en toda la regla y engaños de todo tipo. El primero, la negación de que sea violento, cuando las calles de Barcelona y otras ciudades catalanas arden desde hace días. En su desvergüenza, llegan a acusar a las fuerzas de orden público de usarla, cuando cumplen con su deber.

Luego, porque siguen presumiendo de representar a la «mayoría del pueblo catalán», cuando ni siquiera la han tenido en las encuestas de la Generalitat. Algo parecido ocurre con el «derecho a la autodeterminación» que invocan, pero sólo es reconocido a «los pueblos coloniales», que ellos nunca han sido. Es más, incluso podría decirse que en tarifas aduaneras y otros terrenos, España ha sido una colonia de Cataluña.

Tras lo ocurrido, por último, insisten en la necesidad de «diálogo», pero lo limitan al fijar las condiciones de su independencia. Tras lo ocurrido, Torra tiene la cara de pedir a Sánchez una reunión con los líderes de los principales partidos españoles para realizarla, al considerarla un derecho tras cinco siglo viviendo juntos y haber recibido, incluso bajo el franquismo, preferencias sobre el resto de las comunidades españolas.

Con todo, considero mucho más grave la actitud de aquellos españoles que, ante tan insolente desafío, no les plantan cara. Ahí tienen a Pedro Sánchez anunciando que no cederá ante los que han cortado autovías, bloqueado aeropuerto y convertido la calles de capitales de provincia catalanas en una noche de San Juan con sus hogueras, y bombardeo de las fuerzas de orden público con todo tipo de proyectiles (ya van 301 agentes heridos), aunque advirtiendo que el «Estado no puede ceder al impulso de la exaltación», ¿qué diablos quieren decir con eso?

Pues «proporcionalidad». Podría creerse que si los revoltosos queman unos cuantos coches patrulla, la Policía quemará otros tantos de ellos. Pero no, no, se refieren a que no echará mano de las medidas más severas ante hechos tan graves, como el artículo 155, o la Ley de Seguridad Ciudadana. Y, encima, el ministro de Interior, como si fuera el de Turismo, asegurando que «se puede visitar Barcelona con total normalidad».

Justo cuando los consulados extranjeros aconsejan a sus ciudadanos que tengan cuidado si vienen. ¿Quién teme a unos gobernantes que, en vez de hacer frente al mayor desafío al Estado español de los último tiempos, se dedican a quitarle importancia y a proclamar que todo está OK en las Ramblas. En las Ramblas, puede, pero en el Paseo de Gracia, mejor con casco y máscara antigás. Son como niños, pero cometen las mayores barbaridades.

José María Carrascal ( ABC )