Los mismos que prometieron «por su conciencia y honor (…), lealtad al Rey» en la toma de posesión de su cargo el pasado 8 de enero -¡dichoso día!-, son hoy los que carecen de pudor absoluto para traicionar dicha promesa. Pero lo más grave es que no son cualquier miembro del Gobierno.

Tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias entonces prometieron tanto su cargo ante Felipe VI -y sobre la Constitución- como cumplir fielmente las obligaciones de ser presidente y vicepresidente del Gobierno «con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado».

Y es que lo de «prometer» tiene que tener connotaciones distintas a «jurar». Alguna que se nos escapa pero que admite «per se» saltarse a la torera el ser consecuente con lo que uno hace «por conciencia y honor». Si no, no le encuentro explicación alguna a tanta permisividad política de linchamiento a la Monarquía.

Según la definición de la RAE, a nivel práctico implican lo mismo, pues tanto una promesa como un juramento significan que se asume la responsabilidad de cumplir fielmente con un cargo y que se adquiere el compromiso ético de buscar la verdad. Y ética desde luego no encontramos en todo lo que está sucediendo entorno a la Corona, y en los últimos días con el Rey Felipe VI.

Ni lógica, aunque sí se le podría encontrar a esa traición de un político como Iglesias, republicano, comunista bolivariano, y enemigo confeso de todo lo que «huela» a Corona, más que próximo al ideario nacionalista y sus constantes ataques a la figura del Rey, como «símbolo de la unidad y permanencia» de esta España que ellos intentan romper y destruir, y el principal garante de «la indisoluble unidad de la Nación española», cuya misma existencia niegan.

Pero nada de lógica tiene la falta de ética de Sánchez para con la institución, a la que ni siquiera parece defender ni con tibieza. Desde luego los improperios contra el Rey lanzados ayer en el Congreso por un impresentable Gabriel Rufián eran de vergüenza ajena, y el presidente solo acertó a decir que las amenazas al monarca solo existen en el imaginario del PP. Pues… he de recordar que para el presidente -y son palabras de él- todos los que defienden las ideas republicanas se sienten «muy bien representados en esta monarquía parlamentaria». ¿Entonces?

El cinismo de este presidente no tiene límites. He leído muchas teorías sobre por qué es capaz de traicionar su promesa y acercarse peligrosamente a las «leninadas» de su vicepresidente, pero me quedo con una de Fernando del Pino Calvo-Sotelo que afirma que probablemente no tolere que cuando le pregunta al espejito mágico «¿quién es el más bello del reino?» este le responda: «alguien que goza de un prestigio internacional inalcanzable para ti y tiene mayor talla, rango, formación, integridad y popularidad».

Ese es el Rey Felipe VI. Y nunca lo será Pedro Sánchez. A Dios gracias.

María Jesús Pérez ( ABC )