ESPERANDO A SÁNCHEZ

Septiembre está a la vuelta de la esquina y aún no sabemos si el otoño nos traerá un nuevo gobierno o si seguiremos al itálico modo sin gobierno, sin idea y sin programa. No es hoy exagerado decir que estamos viviendo una comedia de enredo con un protagonista y varios actores de reparto.

El actor principal es Pedro Sánchez, un político muy hábil al que, más que las consideraciones morales, le mueven el valor de la voluntad y la intensidad de la pasión de mandar. Cualquiera que se acerque a él haría bien en recordar lo que dijo Chamberlain en relación a la aproximación de Gran Bretaña a Rusia en 1898: «Cuando cenes con el diablo, lleva una cuchara larga».

El segundo personaje en el reparto es Pablo Iglesias que se mueve en un dilema diabólico: no desea unas nuevas elecciones porque sabe que lleva todas las de perder, pero tampoco quiere entregar sus escaños a cambio de nada porqueeso convertiría a su partido en vasallo del PSOE y prisionero durante los próximos cuatro años.

Y es que los podemitas ven en el mercadeo al que hoy asistimos una maniobra política dirigida a hacerles cargar con la responsabilidad de hacer fracasar las negociaciones y abortar el nacimiento de un gobierno «progresista».

Por último, y no menos importantes en esta función, están los partidos nacionalistas y separatistas de cuya decisión depende la suerte de España. Lo que sí parece es que, si hay investidura gracias a los votos de socialistas y podemitas, tendremos presidente y ministros, pero no tendremos Gobierno y eso es grave cuando son tantos los desafíos que se otean en el horizonte.

José Manuel García-Margallo ( El Mundo )