ESPERANZA

España, como casi toda Europa, atraviesa varias crisis, pero la más grave es el peligro de no saber interpretar la realidad: seguimos quemando las energías en echar más leña a la hoguera justiciera de la corrupción, mientras se expande la úlcera del separatismo catalán. Estamos perdiendo un tiempo precioso. Abonados a la crítica y el derrotismo, somos felices, pero no lo sabemos.

Tampoco queremos darnos cuenta de que cada vez nos hacemos más viejos y el dinero de las pensiones empieza a escasear. Nos empeñamos en vivir instalados en dilemas y en percepciones falsas, sin alcanzar consensos fundamentales para dar continuidad a los avances económicos de la nación de la UE que más crece. La oposición prefiere que no haya presupuesto, a pesar del daño que ello causa a todas las autonomías, especialmente a las más débiles.

También sigue pendiente un acuerdo firme y esencial sobre Cataluña, y el futuro de las pensiones bien merecía otro gran pacto. Mientras unos arrastran los pies y otros especulan sobre el mal ajeno, los españoles pierden la esperanza, que es lo peor que nos puede ocurrir.

El Astrolabio ( ABC )