Esto de estar cada semana pasando revista a los despropósitos del Gobierno empieza a ser cansino. No hay día que amanezca sin alguna noticia completamente esperpéntica digna de pasar al museo de los “horrores” o de los “esperpentos” que, de eso va hoy la cosa. Porque la gobernabilidad de España está en manos de políticos inmaduros, cuyo excesivo ego les impide ver más allá de su propia fachada, de tal modo que la única forma de representar la propia realidad consiste en recurrir al “esperpento”.

El esperpento como género literario hace su aparición en 1920 con la obra Luces de Bohemia de D. Ramón del Valle-Inclán en donde se mira la realidad a través de la imagen de un espejo cóncavo y otro convexo situados en un comercio de ferretería, situado en la madrileña «calle de Álvarez Gato».

Así, la deformación de la realidad podía ser divertida, como de hecho lo era para los transeúntes, pero podía convertirse en algo más: en un espejo social, en una crítica, en una deformación exagerada de la realidad que devolvía la verdadera imagen que se iba buscando al enfrentarse al espejo.

Es como si lo que vemos a nuestro alrededor se nos mostrase como imágenes deformadas por la “absurdidad” que representan y no como se nos dice, una y otra vez, que son. Y es que estamos ante la filosofía del absurdo, porque parafraseando a Kiekegaard como la realidad de este Gobierno (muy especialmente, de su Presidente Sánchez) está por encima de la comprensión humana, resulta completamente absurdo pretender llegar a comprender su funcionamiento. De modo que me resisto siquiera a intentarlo… es como es y como sólo él mismo entiende que es (como diría Groucho Marx; que me cuelguen si lo entiendo).

Esto es, más o menos, lo que nos está pasando ahora, porque al menos yo, no doy crédito a lo que estoy viendo y oyendo por boca de los Ministros y Ministras de este Gobierno ni tampoco a lo que estoy dejando de oír por su parte. Y es que, comenzando por esto último, no entiendo el silencio de Sanchez ante el alarmante incremento de los contagios en toda España.

Estamos ante un momento de auténtico desconcierto, ya que, ante la ausencia de medida alguna por parte del Gobierno, vamos como la “parrala” con diecisiete sistemas diferentes para hacer frente a la expansión de la pandemia. A lo cual debe añadirse el fallecimiento de personas vacunadas, de lo cual no hay explicación oficial alguna.

Como tampoco hay explicación para los contratos de mascarillas a un amigo de Ábalos, que pasó a facturar 53,1 millones (desde cero en el año anterior) y de lo cual nos enteramos por la prensa.  Lo mismo pasa con muchas otras cosas que sucedieron, sobre todo durante el primer estado de alarma, y que nadie nos explica.

O sea, Gobierno completamente ausente ante la pandemia y ciudadanos desnortados a quienes nadie hace el más mínimo caso. Imagen cóncava de Gobierno ausente que contrasta vivamente con el delirante discurso de Yolanda Díaz pretendiendo sustituir el concepto de Patria por el de Matria.

Neologismo que está bien para la literatura (como es el caso de Unamuno o Virginia Wolf) pero es una auténtica majadería en boca de una Ministra, que hace coro a Irene Montero en su deseo por instaurar una nueva lengua, cuando existen problemas mucho más reales y prioritarios a los que dar respuesta.

Porque una de las reflexiones más importantes que plantean los esperpentos consiste en determinar si se trata de una imagen deformada de la realidad, o si se trata de la imagen que retrata fielmente una realidad deforme. Magdalenas del sexo convexo que diría Ana Torroja …

Y en el lado opuesto del espejo (su parte convexa) podríamos incluir, como esperpento, dos Proyectos de Ley del Gobierno, como son el relativo a la “Memoria Democrática” y la reforma de la Ley de Seguridad Nacional. De ambos temas ya he tratado en otros posts dejando constancia de su crítica, pero no está de más volver a incidir sobre ello, dado que ambos Proyectos cercenan de forma clara la libertad de expresión (entre otras cosas).

La nueva Ley de Memoria Democrática pretende ampliar, y mucho, la antigua ley, ya polémica, de Zapatero y llega con mucha controversia por su persecución a la libertad de expresión de sólo ciertas ideas y pensamientos de una determinada ideología.

Porque, para empezar, constituye un auténtico oxímoron el solo hecho de imponer mediante una Ley lo que deba o no deba ser considerado como democrático en la historia, ya que las cosas son como han sido y no como el legislador diga que fueron. Eso para comenzar. Y es que resulta absurdo el hecho de pretender reescribir la historia desde el Gobierno, cuando eso debería ser labor de los historiadores y no de los políticos.

Choca tremendamente esta Ley con el olvido al que se están sometiendo los asesinatos de ETA y con la “magnanimidad” con la que se está tratando a los golpistas catalanes. ETA, dicen, ya no existe, y por eso deben olvidarse sus crímenes, pero la pregunta surge de forma espontánea: ¿acaso Franco sigue vivo? ¿Y van a cercenar mi libertad de expresión para que no pueda decir nada contra el comunismo (una de las peores lacras de este siglo y del pasado)?

Como ya digo, cosas del absurdo y de este esperpéntico Gobierno que ni sabe lo que hace ni se molesta en dar explicaciones coherentes de lo que hace y de lo mucho que deja de hacer.

Jose Luis Villar ( El Correo de España )