Vivimos en una época donde quieren que los sacerdotes se casen y que los casados se divorcien.

Quieren que los heterosexuales tengan relaciones sin compromiso, pero que los gays se casen en la iglesia.

Que las mujeres se vistan como hombres y asuman papeles masculinos y que los hombres se conviertan en «frágiles» como mujeres.

No hay plazas para los pacientes en los hospitales, pero hay incentivos y patrocinio para quien quiere hacer cambio de sexo, y el acompañamiento psicológico gratuito para quien desea dejar la heterosexualidad y vivir la homosexualidad, pero no hay ningún apoyo de este mismo para quien desea salir de la homosexualidad y vivir su heterosexualidad.

Estar a favor de la familia y la religión es dictadura, pero orinar sobre los crucifijos es libertad de expresión.

Si no es el fin de los tiempos, debe ser el ensayo…

Jose Luis Díez ( El Correo de España )