Es imposible permanecer callado e impasible ante la cantidad de memeces y estupideces de las que hacen gala todos estos tipejos y tipejas, de la malvada y miserable podemía. Un montón de canallas agrupados alrededor de un partido que solo promulga el odio más visceral y el sectarismo más despiadado.

Resulta que ahora, este montón de bellacos y bellacas, se despacha diciendo que el hecho de rezar una oración constituye un acto de acoso, en tanto que gritar “gora ETA” es, simplemente, una manifestación de la libertad de expresión.

Hace falta ser cínicos, canallas y miserables, sin embargo, semejante patrón de conducta es algo que no debería sorprender a nadie teniendo en cuenta que viene de la mano de estos comunistillas de chalé, ropa cara, peluquería diaria y poltrona bien gratificada, a quienes muchos españoles les dieron su voto en la creencia de que eran unos “jóvenes universitarios, muy bien preparados que venían a dignificar la política corrupta”.

Sin embargo, nunca vinieron a regenerar nada, ni a dignificar nada, ni estaban bien preparados para nada y mucho menos para gobernar y, encima, eran cualquier cosa menos gente de fiar. Para advertir esto no hacía falta ser un lince. Pero bueno…

En el poco tiempo que llevan pisando moqueta, a cada paso son más los casos de corrupción por los que están siendo investigados. Desde tipos procesados y condenados por agresiones a policías y a ciudadanos de a pie, pasando por otros encartados en diligencias por malversación de fondos, pagos y cobros irregulares, financiación de origen oscuro, etc. En definitiva, unas perlas.

Ya sabíamos de sus concomitancias con lo peor de nuestra sociedad: con los filoetarras, esos que homenajean a asesinos convictos y confesos; con los golpistas condenados por haber intentado dar un golpe de Estado para segregar una parte del territorio nacional y con toda esa pijoprogresia separatista que su único objetivo es la destrucción total de España. En total, todo lo peor y más canalla.

Y ahora, vienen a proclamar que el hecho de rezar una oración constituye un acto de acoso, no se sabe bien contra quien, y, sin embargo, dar gritos en favor de unos asesinos cobardes, especializados en el traidor tiro en la nuca, que se llevaron por delante la vida de cientos de inocentes, es simplemente una manifestación de la libertad de expresión.

Y estos que proclaman tal cosa sin rubor, son los mismos que se atreven a pedir que las gentes salgan a las calles a clamar contra la subida de la luz -pese a que luego retiraron tal propuesta-, siendo ellos mismos los que toleran tales subidas, sin oponerse, desde sus sillones del consejo de Ministros. El colmo del cinismo y de la indignidad.

Los mismos que, erigidos en únicos defensores de los derechos de los homosexuales, si le dan una paliza de muerte a alguien de esta condición sexual, en el caso de que este sea de derechas, se mantienen callados sin protestar ni organizar manifestaciones, lo mismo que sucede en el momento en que tal agresión no sirva para coadyuvar a sus fines espurios. Recordemos el caso del pobre Samuel. Pobre chico. De ser “todos Samuel”, como vociferaban por las calles, pasó al olvido más absoluto pues su homicidio no sirvió para sus objetivos.

Son los mismos, acérrimos defensores de los derechos de la mujer -recordemos a aquella botarate que decía “quiero llegar a casa a las cinco de la mañana y borracha”-, pero que, sin embargo, si un grupo de menas -sus niños, como decían- o de inmigrantes ilegales violan salvajemente a una joven, se quedan callados y miran para otro lado como si no hubiese pasado nada.

A esta gentuza, el pueblo no les importa. Eran aquellos que, antes de ocupar un puesto en los órganos de dirección del gobierno, se presentaban vistiendo como unos desarrapados y ahora estrenan modelitos y peinado todos los días, sin tener en cuenta aquello de que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Los mismos que juraron y perjuraron que seguirían viviendo en sus barrios de trabajadores y en cuanto tuvieron ocasión se fueron a residir en suntuosas mansiones, con servicio, niñeras, piscina y jardín, argumentando que lo hacían porque querían lo mejor para sus hijos. ¡Cómo que el resto no lo queremos!

Los mismos a los que se les llenaba la boca con aquello de no cobrar más que tres veces el salario mínimo interprofesional y ahora cobran sueldos millonarios, acumulando en sus cuentas varios cientos de miles de euros.

Los mismos que criticaban las puertas giratorias y la colocación de amiguetes y, sin embargo, alguno tuvo la osadía de hacer ministra a su concubina favorita, para así multiplicar el sueldo por dos. ¡Vergonzoso!

De todas formas, todavía es más grave, mucho más, lo de los sociatas que, aunque solo fuese por la memoria y el respeto que merecen sus compañeros de partido vilmente asesinados por la ETA, deberían echar a patadas a esa podemia malvada de los sillones que ocupan en el Consejo de Ministros, pero claro, la poltrona es la poltrona y es preferible perder la dignidad y que sus muertos caigan en el olvido, antes que perder el puesto.

El hecho incuestionable de que, el socialista, es un partido sin dignidad alguna empezando por su líder, que ha pactado con todo lo peor de España para mantenerse en el machito, es algo que no debería sorprendernos.

Todavía, el otro día, tuvimos ocasión de ver una muestra de la indignidad más servil, con motivo de la visita de “pluma blanca” a Barcelona. Fue todo un ejercicio de menoscabo a la dignidad y a la soberanía nacional, un insulto en la cara de todos los españoles.

Primero fue agachando la cabeza, de forma servil, ante una bandera, colocada allí a tal fin por un mequetrefe separatista, como si se tratase de la enseña de un país al que el primer mandatario de otro está realizando una visita oficial. Aquella pantomima de un piquete de Mozos de Escuadra formados en plan rendición de honores fue vergonzosa.

Pero si aquello no fue suficiente, este indigno sociata que dirige los designios de España permitió que, en sus narices, sin la mínima protesta, sin levantarse y abandonar de inmediato aquel lugar, un mandado retirase, tras su discurso, la Bandera Nacional, la de todos los españoles, la que a él le da de comer, dejando solo la de catalonia en un gesto de agravio, desprecio y ofensa a España y a todos los españoles.

Y aquí, nadie ha dicho nada, nadie ha protestado con la energía que se merece, ¿alguien se imagina que sucedería si fuese al revés?, ¿si en lugar de retirar la Bandera de España se retirase la de catalonia? Ardería Troya.

Realmente, es vergonzoso que, un tipo de la catadura moral de este, siga dirigiendo la política española y que en el Consejo de Ministros se sienten tipejos y tipejas como los de la malvada podemía.

Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )