ÉSTA NO ES MI MESA

Lo peor de los restaurantes baratos no es la mala comida sino el tipo de camarera que cuando la llamas para pedirle algo te contesta: «Perdón, pero ésta no es mi mesa». Pedro Sánchez es esta camarera, con el agravante de que Cataluña sí es su mesa y simplemente quiere hacer ver que no ve para no meterse en problemas.

Quim Torra es un cliente impertinente, realmente estúpido, que desearías que no hubiera venido, pero que todo el mundo sabe que ni va a organizar ningún escándalo ni va a marcharse sin pagar.

A veces pienso que Sánchez hace bien diciendo «ésta no es mi mesa», porque lo que más exaspera a los independentistas, como a los niños, es que no les hagan caso. También porque las molestias de ruido y de gestos que Torra pueda causar al resto de comensales es lo que sin duda merecen por haber acudido a comer a un restaurante tan barato. ¿No querías democracia? Pues aquí la tienes, con doble de vulgaridad. No puedes votar socialismos y populismos y quejarte luego de los clientes molestos o de los manteles de plástico.

Aunque el sentimiento es el equivocado, Pedro Sánchez hace bien en no entrar en estériles polémicas y en limitarse a recordar, de vez en cuando, que el único camino que espera a los golpistas es el destierro o la cárcel. Está bien que lo recuerde, pero de todos modos hace falta, porque los independentistas son los primeros que lo saben y por ello desde el 27 de octubre no han vuelto a saltarse la Ley. Lo más revelador del momento político y mental del independentismo no es que Quim Torra sea el carcelero de los líderes políticos presos, sino que si abriera Lledoners, Junqueras no saldría.

Hay algo que los socialistas no han acabado de entender y es que el pasado mes de octubre España volvió a ganar en Cataluña, y que el independentismo claudicó no sólo aceptando sino colaborando activamente con la aplicación del artículo 155, presentándose a las elecciones autonómicas convocadas por el presidente Rajoy y asumiendo su rol perfectamente autonomista, con sus negociaciones, sus mociones, sus transacciones, sus contrapartidas y sus techos de gasto.

Si Pedro Sánchez no entiende esta victoria, y la entrega, volveremos a caminar sobre la cuerda floja, y con un presidente más pendiente de desenterrar los fantasmas del pasado que de enfrentarse con la determinación de los hombres libres a las amenazas del futuro.

Por lo demás, a los que tan molestos están por el ruido que pese a la derrota hace todavía la mesa de Torra, he de decirles dos cosas: la primera es que dudo mucho que las cosas funcionaran mejor si estuvieran ellos al mando. La segunda es que la próxima vez que les llamen a votar, piensen mejor lo que hacen. A fin de cuentas, la presidencia de Pedro Sánchez no habría sido posible sin la intensa, caprichosa, increíblemente absurda colaboración de Ciudadanos.

Salvador Sostres ( ABC )