Mientras Irene Montero se esfuerza por parecer la eterna exasperada y comienza a vislumbrarse en su entrecejo la rayita de la mala baba con la que habla, igual que le sucede a Pablo Iglesias, el mundo sigue girando a pesar de los planes de la siniestra pareja que critica a los ricos, supuestamente defiende a los pobres y vive como marqueses.

La Ministra más inútil de la democracia se saldrá con la suya y tendrá la ley de libertad sexual (Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual).

Esta legislación implicará modificaciones en el Código Penal y los hombres serán todo lo culpable que las mujeres se propongan. ¿Recuerdan el mítico «solo sí es sí»? ¿Cómo van a defenderse ellos con el martilleo del «yo sí te creo hermana»? ¿Las afirmaciones de las mujeres contra los hombres se convertirán en palabra de ley? ¡No vamos bien!

¿Qué pasará con los hijos varones inocentes que se topen con mujeres mentirosas y desaprensivas si hay que creerlas a ellas?

La buena noticia es que la ley disgustó hace semanas incluso a buena parte de las feministas socialistas; de ahí que Montero se haya visto obligada a realizar ciertas modificaciones. Se ve que en lugar de meditar bien las cosas, se deja llevar por el entusiasmo, una costumbre enraizada en ella con las consiguientes meteduras de patas a las que nos tiene acostumbrados. ¡Extraña y peligrosa forma de gobernar!

Mientras tanto, entre ellas mismas han empezado a sacarse los ojos. Era cuestión de tiempo.

Irene Montero se ha convertido para algunas en la Ministra hipócrita que da la espalda a las mujeres de su propio partido. ¡Como para fiarse de lo que sería capaz de hacer con el resto de féminas! Y si no, que se lo pregunten a Teresa Rodríguez, Diputada andaluza, después de haber sido despedida durante su baja maternal. ¡Si eso lo llega a hacer un empresario cualquiera o un pobre autónomo, arde Troya de nuevo!

Ante el despido de su compañera, Montero ha dicho: «La política no para mientras estamos de permiso». Y han seguido las comunicaciones entre ellas a través de las redes sociales con un comportamiento más típico de alcahuetas ―y no del estilo propio de La Celestina―, que de personajes públicos serios, profesionales y transparentes. ¡Con lo fácil que hubiera sido descolgar un teléfono y dejar las chabacanerías para la vida privada!

Montero añadió: «Teresa, no te han despedido. Sigues siendo diputada y cobras todo tu salario de política aunque te hayas ido del partido que te llevó a las instituciones. Que te compares con una trabajadora precaria despedida es bochornoso. Nuestro adversario es el machismo: combatámoslo juntas». Y se ha quedado tan a gusto.

Por supuesto la respuesta de Teresa Rodríguez no se hizo esperar: «Todo el mundo sabe que no estoy en política por el dinero porque yo sí tengo un curro al que volver y la política no me cambió de barrio». ¡Toma ya! Así se las gastan las mujeres políticas podemitas. Como para fiarse de ellas.

En un pequeño detalle he de darle la razón a la Ministra: «La política no para», y no como España, que está parada desde que ellos gobiernan.

¿Seguirá presumiendo a partir de ahora de favorecer a la mujer trabajadora? Mucho se le va viendo ya el plumero a este personaje siniestro, pues mientras Teresa Rodríguez, madre por segunda vez, se ha mudado a un piso de 60 metros cuadros, todo el mundo sabe dónde vive la de Galapagar.

El feminismo es un negocio; de eso no hay duda, o de lo contrario ¿por qué invertiría George Soros en él?

¿Hasta cuándo permitiremos las mujeres válidas, formadas y bien preparadas, que bobaliconas de tres al cuarto nos invadan?.

María Godoy ( El Correo de España )