Hace unos días, un ilustre coronel hacía un comentario a mi artículo Elogio del Servicio Militar, en el que me reitero, en el diario El Español Digital, diciendo que las generaciones de menos de 44 años, que no habían hecho el servicio militar, eran adolescentes inmaduros, y tenía toda la razón del  mundo.

En efecto, hoy en día, y cuando muchos países de nuestro entorno, por ejemplo Francia, se replantean la exigencia de un periodo de instrucción y formación patriótica y militar, nosotros, pese a estar en una situación prebélica con Marruecos, seguimos pasando de formar a las nuevas generaciones.

¿O debería decir degeneraciones, en su mayoría…?

Estamos rodeados, y en manos de imbéciles, y así le va a esta pobre España.

Quienes ya tenemos una edad, gracias a Dios, no nos preocupamos por nuestro futuro, en el otoño –por no decir invierno- de nuestras vidas, pero sí de la “herencia” que vamos a dejar a nuestros hijos y nietos.

Una España sin presente ni futuro, hipotecada hasta los tuétanos, donde no se accede a los empleos por méritos y capacidad, sino por pertenencia a determinados partidos políticos, relaciones familiares, amiguismos, etc.

Una “herencia” que no podrán  recibir a beneficio de inventario, como se puede optar legalmente en las herencias donde hay más cargas que bienes, o se sospecha que pudiera ser así, sino una herencia en su totalidad, es decir con  toda la hipoteca, en el bien entendido supuesto de que la carga es, posiblemente, más grande que lo que se recibe.

Un país lleno de imbéciles y goyms,  auténticas generaciones de ninis, es decir jóvenes que ni estudian ni trabajan, pero eso sí, beben, fornican y se drogan todo lo posible.

Y los ninis ahora lo tienen fácil, pues gracias a la actual ministra de educación, todos acabarán la enseñanza secundaria obligatoria, pues les regalarán un aprobado general, aunque no sepan hacer ni una o con un canuto.

Esta mañana he leído un comentario en el  diario digital El Diestro, y al principio no lo he entendido, pues hablaba de la Ninistra Irene Montero… He pensado que era un error, pero después he visto la intención del comentarista, dando a entender que cualquier imbécil puede ser ministro.

Y no le faltaba razón.

España tiene a la cabeza a una generación de ninis, muchos de ellos con carreras, y hasta doctorados, pues ya sabemos que en las universidades privadas prácticamente “se venden”, eso sí, bastante caros.

Los alumnos no son tales, sino clientes, y ya sabemos que el cliente siempre tiene la razón.

Un país que se resigna a tener un presidente del gobierno con un curriculum falseado, un doctorado en economía a base de cortar y pegar, etc., y una buena parte del gobierno con curriculums inventados, se merece todo lo que le pase.

Ramiro Grau Morancho ( El Correo de España )