ESTÁN TODOS IGUAL DE LOCOS

Desde nuestra perspectiva, la actitud del Gobierno conservador de Boris Johnson y de la mayoría de su partido es una locura. Sacar al Reino Unido de la UE no tiene sentido. Y hacerlo a la fuerza, sin cerrar un acuerdo, tiene todavía menos lógica. Pero los argumentos de la otra parte son igual de débiles.

Los que en esta hora quieren impedir el Brexit sin acuerdo son los mismos que por tres veces han votado en contra del único acuerdo posible: el que se firmó con el Gobierno de Theresa May. Si consiguen tomar el control del Gobierno -lo que no es probable- y piden otros tres meses de prórroga hasta el 31 de enero ¿cree alguien que los 27 miembros restantes de la UE van a conseguir ratificar un acuerdo distinto? Y ¿qué posibilidades hay de que ese acuerdo sea aprobado en la Cámara de los Comunes? Yo díría que las mismas que hasta ahora.

Pero el colmo de la hipocresía viene de esos partidarios de la permanencia que han sostenido que Boris Johnson ha dado un golpe a la democracia al prolongar el cierre del Parlamento seis días. Esos son los mismos que ayer se negaban a aceptar que se puedan convocar elecciones el 14 o 15 de octubre para que el Reino Unido mande a la cumbre de la UE del 17 de octubre, en la que se tiene que resolver este embrollo, un primer ministro con un mandato inequívoco.

Pues los que dicen que cerrar el Parlamento por vía constitucional menos de una semana es dictatorial son los mismos que no quieren que los británicos acudan a las urnas. Tienen miedo porque ellos saben que -por desgracia- Boris Johnson puede obtener una amplia mayoría parlamentaria.

Tony Blair se lo advirtió a su partido el pasado fin de semana y desde entonces su entusiasmo por la democracia se ha circunscrito a la democracia parlamentaria. No a la democracia en las urnas de la que surge el Parlamento.

En medio de tanta miseria, siempre hay gestos de grandeza. Sir Nicholas Soames, nieto de Winston Churchill, votó en contra de su Gobierno el martes y ayer anunció que deja la política. Le conozco bien. Ha servido a su país con grandeza durante 37 años en el Gobierno y en la oposición.

Es un hombre de mente abierta y sabe que el partido que deja ahora es un caballo que trota con los ojos vendados. Qué triste decadencia.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )