Acuerdo de mínimos e insuficiente con quien no representa a los transportistas en huelga

 El presidente cambiacolchones se había comprometido a que no levantaría de la mesa hasta alcanzar un acuerdo. Finalmente, de madrugada, ‘in extremis’ alcanza un acuerdo para bonificar con 20 céntimos el gasóleo consumido por transportistas a partir del 1 de abril.

El coste aproximado de la medida ronda los 1000 millones, pero España ya ha perdido 7.000 millones en exportaciones con los 11 días de paro de los transportistas. Y el 30% de las promotoras ya han decretado el paro de sus obras por falta de suministro.

Y lo que queda. Porque el acuerdo alcanzado por el gobierno se ha producido con quien no tiene representación en el sector. Los transportistas de la llamada Plataforma de Transporte de Mercancías han dicho por activa, pasiva y perifrástica que no aceparán ningún acuerdo que no haya sido pactado con ellos.

Desde el gobierno probablemente piensan que son meras palabras y que el postureo del acuerdo desactivará el paro. No se enteran de que los que ya están quebrados no están para postureos. No se enteran -o se quieren enterar- que ya están en decidir si dar de comer a su familia o llenar el depósito. Que cada vez que acuden a una estación de servicio tiemblan porque «es como una reparación». Y no hay quien aguante una reparación semanal.

Y como el gobierno no se quiere enterar, va a sufrir la frustración de que su acuerdo será respondido con una gran marcha por Madrid y una gran manifestación el domingo. Los insultos de ultraderechistas, amigos de Putin y fachas ya no surten efecto.

Tacharlos de insolidarios tampoco vale; los transportistas están gozando de la solidaridad de todos los españoles porque todos recordamos que nunca pararon en pandemia para que no nos faltara nada. Buscar una foto con el interlocutor equivocado no sólo no es útil sino que enciende los ánimos.

Es la hora de la verdad, de las cosas del comer, no del marketing ni de la comunicación o el postureo. Hay que sentarse de verdad, hablar con los de verdad y acordar medidas de verdad.

Bruselas ya ha dejado claro que no es un problema. Todos los países de nuestro entorno han tomado medidas menos nosotros. Y las propuestas de Sánchez al consejo europeo han ido al archivo circular.

Es fácil; baje impuestos, elimine duplicidades y gasto superfluo, apriétese el cinturón, predique con el ejemplo y entonces -solo entonces- lidere el esfuerzo colectivo. Pero bloquear los despidos cuando se disparan los ERTEs, exigir congelar los alquileres y que el Ibex haga «control de daños» mientras que Moncloa multiplica ministerios y asesores y gasto ideológico es insultante. Irritante. Gasolina para las calles.

El anzuelo del pescador

  • Aumentar el dolor. Es la fórmula Biden para resolver la invasión de Rusia a Ucrania. ¿El dolor a quien? Porque ocurre que las medidas propuestas afectan a Rusia, pero también a la Unión Europea; nada a Estados Unidos. Así es fácil aumentar el dolor…

  • España es una isla energética. Así lo ha señalado Sánchez en Bruselas. Pero la culpa no la tienen los Pirineos sino la negativa española a conectar gasdeoductos y el bloqueo a la energía nuclear cuando la vecina Francia es ya una potencia.

  • El PSC, contra el Supremo. ERC, Junts, Comunes y socialistas han decidido una estrategia conjunta para rebelarse contra la sentencia del Supremo que obliga a que al menos el 25% de la enseñanza sea en español. Cada centro tomará su decisión mientras que la Generalitat presiona para que incumplan. O sea, deslealtad. Pura y dura.

Luis Losada Pescador ( El Correo de España )