ESTO PINTA FATAL

Para los defensores de España y la libertad, claro. Sus enemigos van a encontrarse, si las urnas no lo remedian el día 26, el camino libre dos o tres años para liquidar el Estado de Derecho y el régimen constitucional que lo sustenta, con la monarquía parlamentaria y la soberanía nacional de todos los españoles como bases esenciales y, por tanto, derruibles.

Unos irán a la república catalana, referéndum ilegal mediante, con la asistencia de los jueces de medio Supremo y tres cuartos de Prostitucional, que ya han mostrado la patita acomodaticia al sanchismo-podemismo con su obsceno respaldo a la candidatura de Puigdemont, por órdenes fiscales de Delgado a la que oímos: «información vaginal, éxito asegurado». Y si es fiscal, igual.

Otros irán a la república étnica vasca o euskaldún, seguramente por el camino de la catalana, que parece el más fácil, con Iceta al frente de los mozos de escuadra parlamentarios que deben favorecer el Golpe de Estado, no ya sólo en Cataluña, sino en toda España y acaudillado por un Gobierno que jurará defenderla con tanto énfasis como empeño pondrá en derribarla.

 Los comunistas, en fin, para los que abre camino el PSOE como en 1936, irán en lo que vaya quedando de la España nacional a la República Bolivariana Ibérica por el camino del Estado Federal, engendro palabrero con el que el PSOE viene disimulando su férrea alianza con el separatismo.

No faltarán en ese trance miñones profesorales que pidan a la Corona que se federalice, siguiendo algún ejemplo retroaragonés, pre-austracista o post-carlista, que de todo habrá y para todo sobrarán historiadores de lance.

Ya en su día lo predicó el padre Arzallus (a quien sus feligreses emigrantes en Alemania llamaban El nazi, cómo sería), que exigió, en su estilo, una relación personal de la Corona con los «territorios históricos» vascos, entiéndase también navarros. El Rey debería jurar ante el roble de Guernica «Jaungoikoa eta lege zarra», o sea, «Dios y leyes viejas», como si Zumalacárregui no hubiera perdido nunca la primera guerra carlista ante los liberales.

Entonces, «en la grande polvareda» de la demolición nacional, será el turno de Pablo Iglesias, que sobre las ruinas del Estado querrá levantar su república bolipersonal, con los restos del PSOE/PPCC/PV/G/C, para entonces sólo emoticonos. Nos quedan dos semanas.

Federico Jiménez Losantos( El Mundo )