Aún hay quien hace bromas con el atentado de Carrero Blanco. Les parece muy gracioso que ETA asesinara al almirante y a dos personas más, el chófer, José Luis Pérez Mogena, y un escolta, Juan Antonio Bueno Fernández.

Aquel crimen sirvió para que la izquierda se rindiera a ETA y creyera que en vez de una banda terrorista era una especie de guerrilla justiciera. El crédito les duró años a los terroristas. Mataban a un guardia civil en una esquina y mucha gente decía que algo habría hecho.

Años después, con el PSOE en el Gobierno, ETA dejó de tener para la izquierda el encanto de los primeros años de la Transición. Para combatir el terrorismo se recurrió a todo, incluidos atajos y chapuzas como los GAL. Y se descartó la derrota policial.

 Se decía que ETA era invencible, que habría que negociar para alcanzar el fin del terrorismo. Fue un error. A los terroristas se les podía vencer de manera legal y policial. De hecho, que ETA ya no cometa atentados se debe a la eficacia de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que lograron desarticular hasta el último comando. Y que ETA siga viva es culpa de la política, del diálogo, de las cesiones y concesiones políticas a quienes dialogaban con una pistola sobre la mesa.

Aquellas conversaciones de paz sólo tenían dos fines. Para ETA, disimular su derrota policial. Para el Gobierno, vender la especie de que la distensión de Zapatero había vencido al terrorismo, que se colgaran él y el PSOE la medalla en vez de la Policía Nacional ni la Guardia Civil.

Ahora, Pedro Sánchez no tiene ningún empacho en colaborar con el brazo político de ETA. Es más, José Luis Ábalos y Adriana Lastra sacan pecho del acuerdo presupuestario con Bildu y se pasean por los medios diciendo que es un triunfo pactar con los proetarras.

Resulta vomitivo, y más cuando uno de los representantes de la parte política de la banda dice que su objetivo en Madrid es derribar las instituciones. Han descubierto que eso se puede hacer sin bombas. Les ha costado entenderlo, pero no se puede pedir más a esa cuadrilla de psicópatas.

Para blanquear el terrorismo recurren a la mentira. Ha dicho Pablo Echenique que los de Bildu han condenado una y mil veces los atentados de ETA. ¿Dónde? ¿Cuándo? No se puede ser más mentiroso, mezquino y miserable.

También ha dicho Ábalos que pactar con los proterroristas es patriótico. La guinda la puso Adriana Lastra en el digital de Escolar: «Que Bildu apoye las cuentas es normalidad democrática y que la izquierda abertzale esté en las instituciones, un éxito». Sí, sin duda, un éxito de ETA y una drama de la democracia que una tipa como esa sea diputada.

Llegó a afirmar Sánchez que no podría dormir con un Gobierno en el que estuviera Podemos. ¿Y puede dormir con el historial de sus nuevos socios? ¿Recuerdan cuando decía que no pactaría jamás con Bildu? Pues eso.

Mientras tanto, los llamados barones del PSOE, Fernández Vara, García Page y Lambán, se rasgan las vestiduras cual plañideras. Qué disgusto tienen. ¿Y por qué no se van del PSOE, por qué no rompen el carnet, por qué no pegan un portazo?

Lo mismo vale para Margarita Robles, para Marlaska, para Calviño y para todos aquellos ministros a los que se suele disculpar diciendo que ellos no son como los de la peña de Podemos. Si tuvieran un ápice de dignidad ya habrían dimitido.

El gran argumento de quienes tragan con el pacto es que ETA ya no mata. Cierto. No le hace falta para imponer su agenda y su memoria, que es la de sepultar bajo toneladas de ignominia sus más de ochocientos asesinatos. Y ahora las bromas se hacen con Ortega Lara.

Pablo Planas ( Libertad Digital )