Cuando Pedro Sánchez logró poner fin a su insomnio y cerró con Pablo Iglesias un pacto de gobierno para los próximos años, algunos ya dijimos que se nos venía encima el Frente Popular redivivo. Anteriormente a ello, durante los años de Rajoy en La Moncloa, nos llamaron de todo por alertar de lo que se estaba fraguando sotto voce. La división de la derecha, por el continuo viaje al centro del PP, y la constitución de un bloque con varios partidos y un objetivo común: la destrucción de la unidad nacional y el derribo sin miramientos del régimen del ´78.

Antes de que apareciese el famoso virus, parecía que Sánchez e Iglesias se lo iban a tomar con cierta calma. Lo primero que hicieron fue profanar la tumba de Franco, dejando claro que nada se les iba a poner por delante para hacer todo lo que quisieran, fuese legal o no.

Después, empezaron a inflar el gasto público, subiendo impuestos, destrozando lo poco que había quedado de pie de los años anteriores, demostrando una vez más que marxismo y progreso no solamente no van juntos, sino que van en la dirección opuesta. Pero les faltaba el virus y la pandemia. Y con la llegada de la pandemia, Sánchez e Iglesias han aprovechado para dar el tiro de gracia a la Constitución y a lo que quedaba de España.

Después de prácticamente obligar al rey emérito a marcharse de España, con su continua campaña de acoso y derribo, empezaron a hacer lo mismo con el actual monarca, Felipe VI, al que han tratado de anular y eclipsar de todas las formas posibles.

Abriendo un debate sobre la república que no le interesa a nadie y haciendo creer a los jóvenes que «monarquía» equivale a corrupción mientras que «república» es sinónimo de democracia. Con esa manipulación tan burda de los conceptos que siempre usa la izquierda, pero que tan eficaz es entre los españoles de hoy.

Al mismo tiempo, se allanaba el camino a los golpistas de Cataluña para que puedan acudir a las urnas en las próximas elecciones y para que repitan el golpe de Estado de hace tres años, bajo el paraguas de la «mesa de negociación».

Pero aún faltaba una cosa. Y ese último ingrediente diabólico. Faltaba meter a los herederos políticos de ETA en la «dirección del Estado» español, en palabras del vicepresidente actual del Gobierno. Bildu en tareas de co-dirección del Estado español gracias a su apoyo a los presupuestos de 2021, con partidas generosas para los enemigos de España y con algo todavía mucho peor: la traición a las víctimas del terrorismo.
El olvido de la sangre derramada, de las familias rotas y del dolor de medio siglo de terror. El guiño a los bildutarras y el ofrecimiento para que se sientan parte de la tarea consistente en acabar con los restos de los restos de la sagrada unidad nacional.
Los amigos de los asesinos enseguida tomaron la palabra: vendrán a Madrid para acabar con el régimen constitucional. Les va a costar muy poco, porque ya les han hecho la mayor parte del trabajo. Pablo Iglesias les ofrece la co-dirección de un Estado que quieren destruir, en una paradoja que roza la esquizofrenia y que nos pone a los españoles en una realidad nueva, no vista hasta el momento.
Tenemos a todos los enemigos de España asociados con el Gobierno, pero ya no sólo como aliados parlamentarios, no sólo como apoyo puntual para sacar leyes adelante. Desde ahora, también para convertir la Carta Magna en papel mojado y empujarnos a todos al limbo de un proceso revolucionario cuyo final de estación es la tercera república marxista, con Cataluña y Vascongadas fuera de la piel de toro.
De nada han servido las críticas más o menos airadas de Carmona, Fernández Vara, García Page, Lambán e incluso Alfonso Guerra. Quizá ninguno de ellos quiera aceptar, o entender, que Pedro Sánchez no es un secretario general del PSOE al uso acostumbrado hasta ahora.
Quizá no quieran ver que, en su alianza con Pablo Iglesias, había un ingrediente revolucionario con el que no contaban cuando le dieron la segunda oportunidad de liderar su partido. Sánchez está en modo dictador, aunque sea con urnas de por medio, y las pocas voces discrepantes dentro del PSOE no servirán para detener su proyecto de alta traición a España y los españoles.
Para esto murieron heroicamente nuestros servidores públicos durante los años de plomo del terrorismo etarra. Desde el comandante Luis Carrero Blanco hasta cualquiera de los guardias civiles, policías, concejales o simples trabajadores que pagaron con su sangre la vileza de una banda de asesinos.
Para esto el silencio, las manifestaciones con las manos pintadas de blanco y el talante democrático del pueblo español, testigo de más de cuatro décadas de bombas lapa y tiros en la nuca. Para que ahora, este Frente Popular redivivo cuente con los amigos de ETA para que co-dirijan el Estado español. Éste es el gobierno que han elegido en las urnas millones de compatriotas.
Y lo más tremendo, lo más terrible, es que si mañana hubiese elecciones, lo volverían a elegir.
Rafael Nieto ( El Correo de España )