ETA ESTÁ DE CELEBRACIÓN

Arnaldo Otegui tiene programadas más de doscientas celebraciones para festejar la salida de la cárcel de sus colegas de ETA y lo ha anunciado, a modo de advertencia , para dejar patente que los pistoleros del tiro en la nuca y los secuestradores que enterraron a sus víctimas en un zulo, merecen un homenaje público cuando hayan cumplido sus condenas.

ETA es “la cosa nostra” española y nadie como ellos han sabido celebrar el ritual de la muerte con una liturgia pagana que pretende convertir en héroes a los más villanos y reivindicar el crimen como legítima arma para conseguir objetivos políticos.

Se sienten orgullosos de sus fechorías porque su vocación de matones y abusadores les acompañará hasta el día en el que indefectiblemente mueran y su biografía acabe siendo una linea indigna en un obituario de sucesos.

En su historia no existe ni una pizca de dignidad ni tampoco de épica, porque contrariamente a otros grupos terroristas que arriesgan sus propias vidas, jamas fueron valientes, ni osados, solo se comportaron como asesinos de baja estofa y como chusma delincuencial.

Los que van a recibir esos homenajes no tienen nada que celebrar porque nadie les va a devolver los años que han pasado en la cárcel, ni los momentos que han perdido de su juventud, ni las noches que han lamentado haber arruinado sus vidas el día que decidieron asesinar a un inocente.

Para ellos el rito es fundamental aunque en esas celebraciones no serán capaces de escenificar, como Francis Ford Coppola nos ha contado en imágenes en El Padrino, esos momentos en los que las comilonas preceden a la traición o celebran la venganza, en un ambiente de aparente honorabilidad.

Por el lado de los deudos de quienes fueron asesinados a manos de personajes de una raza inferior -todos los nacionalistas se esfuerzan en inventarse una historia inexistente para superar su complejo de inferioridad – no existen motivos para celebrar nada , y menos aún en estos tiempos en los que los políticos que pactan gobiernos con los colegas de quienes mataron a sus compañeros califican esos asesinatos como “ discrepancias del pasado”.

No exagero si afirmo que nos resulta imposible entrar en la cabeza y en los sentimientos de unos y de otros, de verdugos y víctimas, de odiadores y de odiados, porque son dos mundos contrarios y contradictorios que jamás podran entenderse, aunque sí lo hacen sus representantes políticos cuya conciencia está hecha de la misma sustancia pegajosa que el chicle sucio que se les pega a la suela de sus zapatos cuando caminan.

Diego Armario