Nuestra todavía ministra de Hacienda sigue obsesionada con los ricos. Parece que tal obcecación le viene de su relación de juventud con el cura rojo, don Manolo. Éste influyó sobremanera en ella durante su militancia comunista radical.

Cuentan las buenas lenguas que su obsesión se extendía a luchar por lo igualitario, pero nunca lo entendió; hasta el punto de confundir igualdad con equidad, lo que dice mucho de su incultura política, a lo que hay que unir su analfabetismo financiero: ella misma lo confesó cuando pasó de la consejería de Sanidad a la de Hacienda.

“Es muy de izquierdas”, decían sus cercanos, pero confunde conceptos y atropella las ideas, muchas de las cuales es incapaz de explicar de forma didáctica por su nerviosismo en la exposición. Como persona trafullera que es, algunos correligionarios –no por casualidad– aún le llaman “metralleta”, “rapidilla” y “cristiana comunista”.

En su favor cuenta que, durante su etapa en la Consejería de Salud, hizo que la sanidad andaluza estuviera bien vista: impulsó la primera ley autonómica de muerte digna, además de diversos proyectos de investigación biomédica. Sin embargo, quedó en evidencia porque, durante su mandato en la Junta de Andalucía, se pagaron dos millones de más a 100 directivos de Salud y se redujo la plantilla sanitaria en cerca de 8.000 personas.

Todos los aciertos que tuvo en la gestión hospitalaria mientras estuvo en la consejería de Salud, se cuentan como sonados desaciertos y desprestigio durante el tiempo que estuvo en Hacienda y Función Pública (2013-2018). Sin ser próxima a la “sultana”, sacó la cara por ella frente a Pedro Sánchez.

Tanto Chávez como Griñán la tuvieron en cuenta. No es poco el daño que hizo en Andalucía, donde arruinó a cientos de familias con la desprestigiada ley de sucesiones y donaciones, hasta el punto de que Europa llegó a preocuparse seriamente. Vuelve a salir aquí su obcecación por los ricos y su confusión entre igualdad y equidad. En Andalucía se la tienen jurada.

Cuando parecía que “la sultana” iba a llegar a la secretaría general de los socialistas, la actual ministra Montero sonó como candidata a la Presidencia de la Junta. Al perder Susana las primarias, le faltó tiempo a Pedro ‘Plagio’ para llevarse a Madrid a la todavía ministra de Hacienda.

Ahora, el tren vuelve a pasar por el andén donde espera María Jesús. Pedro Sánchez pretende deshacerse de Susana para que Montero ocupe su lugar. Encuestas internas, y del propio CIS, indican acertada esa sustitución, aunque no se descarta que, el desprestigio por sus mentiras, sea su aval para abandonar la primera línea nacional.

Nadie duda que la inutilidad se le supone a María Jesús Montero. Pues con ese aval va a competir con Susana Díaz, según el mensaje que ha aventado Ferraz, aunque carente de concreción. La Ejecutiva federal del PSOE pretende “reforzar y renovar en algunos casos los liderazgos autonómicos para hacer al PSOE competitivo en todos los territorios”. No faltan quienes hablan del “efecto Montero” y con ello nos engañan en la misma medida que lo hicieron con el “efecto Illa”. Tiempo al tiempo.

Creo recordar que, allá por el año 2017, los presupuestos de ese año incluyeron la supresión del impuesto de sucesiones a quienes heredasen menos de un millón de euros. Prácticamente, eso suponía su casi anulación. Era la condición “sine qua non” para que Ciudadanos apoyara los presupuestos.

Durante meses, las negociaciones entre Juan Marín y Montero no avanzaban y tuvo que ser ese quien hablara con Susana Díaz para que obligara a Montero a “envainársela”. ¿Y saben qué? Se la envainó. Pero en política siempre hay revancha.

El camino de María Jesús en Madrid ha estado acompañado de mentiras y, como portavoz, es una trafulla a la que apenas se entiende. Ciudadanos llegó a registrar una reprobación contra ella por mentir en la financiación de las autonomías: chantajeó a esas demostrando una falsedad y un desparpajo propio de una trilera que no trabaja con rigor. Mintió con el IVA de mascarillas y de la factura de la luz.

Ella sola se ha desprestigiado, del mismo modo que el PSOE ha desprestigiado a la Fiscalía General, a la Abogacía del Estado, al CIS, al CNI, al Parlamento…

Hablan las malas lenguas del cabreo que sintió Montero cuando el periodista, presentador y director de los informativos de antena 3, Vicente Vallés, descubrió y explicó la mentira de la ministra en la factura de la luz, escudándose en Bruselas para no bajar el IVA. Todos los países miembros sabían desde mayo que “sí se podían rebajar este impuesto, una medida que fue aplicada por los países de nuestro entorno”.

En fin, vuelve a tener duro trabajo Vicente Vallés porque el Gobierno ha hecho ya la propuesta de rebajar las pensiones un 6%, y ha vuelto a escudarse en Europa. Parece que los sindicatos de clase no lo ven mal, por lo que supongo que los habrán untado en condiciones.

Las asociaciones de jubilados tampoco salen ahora a la calle ¿será que ven correcto tal recorte al hacerlo la siniestra? Bruselas no va por ahí. María Jesús Montero ha vuelto a mentir y los sindicatos se mostraron ‘cagaítos’. Vicente Vallés volvió a poner a la ministra y al Gobierno ante su propio ridículo y ante sus habituales mentiras. Y van…

En fin, se respira un ambiente áspero contra el Gobierno de Pedro Sánchez y la población está cada vez más cerca de decir “¡Hasta aquí hemos llegado!”, pero el bicho…

Jesús Salamanca Alonso ( El Correo de España )