EL EXPOLIO DE LOS PATRIOTAS DE LA ” ESTELADA ”

Que el manido oasis catalán no era más que una mitificación alimentada por el nacionalismo era cosa sabida desde la estafa de Banca Catalana. Sin embargo, los 500 folios de la sentencia del caso Palau, hecha pública ayer, sellan definitivamente cualquier atisbo de resurrección de la fábula de una Cataluña impoluta. Ocho años después de iniciarse la instrucción, la Audiencia de Barcelona condenó a penas de cárcel a Félix Millet y Jordi Montull, máximos responsables del Palau de la Música;y a Convergència por lucrarse con 6,6 millones de euros mediante el cobro de comisiones ilegales a cambio de adjudicar obra pública a la constructora Ferrovial.

El expolio del Palau certifica el “entramado delictivo” que alentó el pujolismo para cimentar su hegemonía política a lo largo de tres décadas en Cataluña.Convergència es ya, después de Unió, en el segundo partido condenado por corrupción. El tribunal considera que Millet y Montull crearon una trama que permitió, entre 1999 y 2009, el expolio continuado de 23,7 millones de las arcas del Palau: 14 de ellos se los embolsaron para su lucro personal los ex directivos de esta entidad y 6,6 millones fueron a parar a la caja de CDC. En sí misma, la burda explotación de un templo insigne de la cultura catalana revela hasta qué punto la vieja guardia de la extinta Convergència se creía impune, en connivencia con algunos de los prohombres de la burguesía y de las empresas que participaron en las mordidas, con independencia de la prescripción de los delitos probados.

La sentencia centra las responsabilidades penales de CDC en su ex tesorero, Daniel Osàcar, aunque el fallo admite que en la trama hubo “participación de otras personas” de esta formación. Políticamente, el saqueo de esta institución atañe de manera especial al periodo en el que Artur Mas lideró Convergència. Resulta inadmisible, por tanto, que tanto él como su entorno traten ahora de diluir sus responsabilidades. Máxime teniendo en cuenta que algunos de sus colaboradores más cercanos, como Turull y Rull, son cabezas visibles del PDeCAT.

El hereu político de Pujol, que saltó como un resorte cuando en 2005 Maragall le espetó la acusación del 3%, apretó el acelerador independentista cuando se destapó la olla podrida de escándalos cocinados durante el largo mandato de Pujol. Pero su balance no puede ser más nefasto. La incompetencia y el sectarismo de Mas dejan una Cataluña dividida, una política radicalizada y un partido reducido a los escombros de un ex president fugado, al que ayer los letrados del Parlament le recordaron su obligación de asistir en persona al Pleno si quiere ser investido.

Ni el mar de esteladas ni las trapacerías antidemocráticas del separatismo catalán pueden tapar ya el fétido olor de sus vergüenzas.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor