FABRICANDO ACOSADORES

Se llama Claudia García, dice que es periodista y tal vez alguna vez acabó esa carrera que dicho sea de paso no es para tirar cohetes porque no estamos hablando de un doctorado en física nuclear, pero sí es un oficio muy digno, arriesgado, vocacional, con un componente de servicio público y con un sentido ético que cuando falta, se convierte en puta basura.

La chica, de buen ver y labios costosos, según se percibe en la fotografía que acompa esta columna, no ha tardado nada en subirse a la ola de la persecución a los hombres que piropean a todas horas a las mujeres con las que se cruzan por la calle, pero como no encontraba a ninguno a mano, pactó con unos chavales que le dijeran un par de obscenidades.  Lo grabó todo y publicó en el programa Espejo Público de Antena3 que había sido víctima de la desverguenza de unos acosadores.

Los jóvenes cuando se enteraron de la mentira no han tardado en desnudar su indigna versión de unos hechos que nunca sucedieron tal y como ella relataba en su reportaje.

Sé que los que hace tiempo que peinamos canas, no solo por edad sino también por un sentido de honestidad profesional que empezamos a mamarlo cuando vivía en el hoy quieren desenterrar,siempre fuimos bastante exigentes con nosotros mismos y con los demás, algo que ahora no se estila.

Yo era director de Radio Nacional de España cuando una excelente directora que había en Barcelona – Ana María Bordas – me informó que un periodista deportivo se había inventado y emitido una entrevista que jamás realizó citando fuentes inexistentes y, de mutuo acuerdo le metimos un paquete para que se enterase de lo que valía un peine.

Hoy mentir, tergiversar, ocultar información que pueda perjudicar a los amiguetes políticos y erigirse en abogados defensores de los golfos de su propia camada es el pan nuestro de cada día, sobre todo en las tertulias que son un espacio en el que chapotean en sus propias miserias los Echeniques y sus contrarios, pero esa conducta se suponía que estaba reservada al espacio de la opinión y no de la información.

El día que los periodistas nieguen que ha salido el sol o se inventen un terremoto en mi pueblo de veraneo con víctimas no identificadas, pero probablemente del PP o del PSOE, este oficio nuestro estará dando sus últimas bocanadas y… me temo lo peor.

Diego Armario