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Los anglosajones denominan «self made man» a quien con malas cartas en el inicio de su vida acaba logrando considerables éxitos. Aunque lo que nos pone en España es que el Estado se ocupe hasta de atarnos los zapatos, personalmente siento enorme admiración por quienes han conseguido progresar por puro mérito, sin el empujón inicial de una cuna propicia.

Resulta fascinante recordar que algunos inmigrantes europeos, que desembarcaron en la aduana neoyorquina de la isla de Ellis con solo una maleta de cartón, acabaron triunfando en el nuevo mundo. Si me soltasen a mí allí en tales circunstancias no rascaría bola.

José Blanco López, de 57 años, es un ejemplo de «self made man». Partiendo de unos orígenes humildes en una parroquia extraviada de los montes verdes de Lugo, ha logrado pasar de Pepiño a Don José merced a su inteligencia, habilidad y laboriosidad. El niño Pepe era hijo de Jesús, que se fue de su aldea a Lugo y acabó de peón en Obras Públicas, y de Erundina, costurera.

Chaval espabilado y locuaz, ingresó enseguida en el PSOE. Sus padres hicieron el esfuerzo de enviarlo a Santiago a estudiar Derecho. No funcionó. Plantó enseguida la carrera para sumergirse en política. No se puede decir que resultase una apuesta errada. Blanco no ha tenido nómina en la empresa privada, pero ha sabido buscarse la vida. A los 27 ya era senador. Intentó convertirse en alcalde de su pueblo, Palas de Rei, pero cayó derrotado. Da igual, del Senado saltó al Congreso, donde trabó amistad con un tal Zapatero.

El resto ya lo saben. Blanco fue el cerebro electoral del contador de nubes de León, que lo hizo número dos del partido y más tarde ministro de Fomento (cargo en el que Pepe se desempeñó bien, sobre todo en comparación a su predecesora, la tremenda Magdalena). Caído Zapatero, ha continuado enganchado a la más opípara nómina pública como eurodiputado.

Al parecer, don José es hombre de profundas convicciones socialistas. ¿Qué hace entonces con la pasta gansa que le aporta la política? ¿La dona a la Internacional Socialista, Amnistía Internacional y Greenpeace? No parece. Lo que hizo fue comprarse dos finas propiedades inmobiliarias y enviar a sus hijos a uno de los colegios más caros y exclusivos de Madrid.

Esta semana, de visita en un juzgado de Madrid, ha insultado a las personas que se manifestaron en Colón contra Sánchez tachándolos de «fachas». Don Pepe, católico practicante, un altoburgués que gana un sueldazo y posee un par de viviendas (más la casa paterna de Palas), vive en realidad muchísimo mejor que la mayoría de las personas que se acercaron a Colón.

En la práctica, nada lo separa de aquellas familias: le gusta la estabilidad económica, cree en los valores cristianos y envía a sus hijos a la mejor educación privada que encuentra. Entonces, ¿por qué los insulta? ¿A qué viene el latiguillo de «fachas»? Pues a que el PSOE está hueco, sin ideas, y disfraza su vacuidad con rancios e insufribles tics sectarios.

Luis Ventoso ( ABC )
viñeta de Linda Galmor