Recordemos sin demora a ese probo ciudadano, Hervé Daniel Marcel Falciani, nacido en 1972 en esa localidad abanderada de la probidad financiera llamada Montecarlo. Falciani tuvo una meritoria carrera como ingeniero de sistemas lo que le llevó a ser contratado por la rama suiza del Hong Kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC)en 2001.

En 2006 decidió que él se iba a tomar la justicia por su mano e iba a denunciar a quienes según él evadían impuestos en sus países de origen mediante las cuentas que tenían en el HSBC. Convertido en el Robin Hood de nuestros días, empezó a robar en el banco que le pagaba un sueldo los datos de unos 130.000 «ricos» para que las autoridades fiscales de diferentes países pudieran cobrar más impuestos y ayudar a los pobres.

La efectividad de Robin de Locksley era una filfa comparada con su imitador contemporáneo, Hervé Falciani. Había que rendirse ante la integridad moral de este ladrón preocupado por el bien común.

Sucede que las autoridades suizas no compartían su visión del bien común y el 11 de diciembre de 2014 fue procesado en ausencia por el robo de la documentación que había perpetrado y el 27 de noviembre de 2015 fue condenado a cinco años de prisión por el Tribunal Federal Penal suizo por delitos relacionados con la entrega a las autoridades francesas de información robada a decenas de miles de clientes del HSBC.

Entre su procesamiento y la condena, el 9 de febrero de 2015 se tuvo conocimiento de que Falciani había empezado a colaborar con Podemos elaborando para su programa político los criterios de cómo combatir el fraude y la evasión fiscal mediante la regulación legal de estos delitos. Qué gran tipo Falciani. ¿Cómo no iba a rendirse Iglesias a sus encantos?

Ni su condena a la cárcel, ni el que fuera prófugo de la justicia ameritaban dejar de contar con sus valiosos servicios. El 21 de mayo de 2016 Falciani compareció en Madrid en la sede de Podemos flanqueado por el eurodiputado Miguel Urbán, la denunciante del caso Gürtel, Ana Garrido y el diputado autonómico madrileño Miguel Ongil. Era un acto «contra la evasión fiscal y la corrupción». Nadie podía cuestionar la bondad del objetivo.

El romance entre el delincuente condenado Hervé Falciani y el partido de Pablo Iglesias se prolonga a lo largo de los años. Está claro que pretendían presentárnoslo como el ladrón del bosque de Sherwood, uno que robaba por el bien común.

A lo mejor lo que él hacía no estaba bien, pero Pablo Iglesias había sentenciado que el bien que promovía Falciani estaba por encima de la legislación vigente. Robaba documentación para que se pudiera condenar a personas que de otra forma serían inocentes, algo intolerable.

Y entonces llegamos a agosto de 2020, cuando un juez instrucción de Madrid ha imputado a Podemos y a los más estrechos colaboradores de Pablo Iglesias por malversación, un delito económico igual que lo es la evasión de impuestos que tanto gustaba denunciar a Iglesias cuando iba de la mano de Falciani.

Lo verdaderamente novedoso -nada sorprendente conociendo el doble rasero del presidente del Gobierno que padecemos- es que Podemos ha pedido al juez la nulidad de la causa porque el informante, José Manuel Calvente, antiguo empleado de Podemos, habría contravenido su «deber de sigilo y confidencialidad» y habría obtenido sus pruebas de forma «ilícita».

O sea, que a día de hoy el doble rasero se aplica diciendo que las pruebas logradas de forma ilícita son válidas cuando convienen a Podemos e intolerables cuando pueden llevarles a la cárcel.

No paramos de mejorar.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )