Hasta los tribunales ha querido llevar el Gobierno su resistencia a informar de los viajes, algunos de ellos discrecionales y con amigos en el pasaje, que ha efectuado Sánchez en el Falcon de la Fuerza Aérea.

Y allí ha obtenido la misma respuesta que ya le dio el Consejo de la Transparencia: que está obligado a rendir cuentas de esa información.

Ha sido la Audiencia Nacional la que ha desestimado el recurso planteado por el Ejecutivo para seguir con la estrategia obscurantista contra la que lleva meses luchando Transparencia, cuyos requerimientos a La Moncloa son sistemáticamente desechados.

Qué más necesita Sánchez para desvelar esa información, sin duda de interés público y que no vulnera, a toro pasado, ninguna de las cautelas de seguridad que deben guiar los trayectos de las autoridades.

Tanta resistencia revela la posibilidad cierta de un abuso de los medios que el Estado pone a disposición del presidente del Gobierno, no del ciudadano Sánchez y de sus amigos a los que tanto cuida, prebendas que incluyen convidarles al veraneo en residencias de Patrimonio.

La Justicia ha hablado, ahora tiene que hacerlo Sánchez.

ABC

viñeta de Agustin Muro