FASCISMO DE ANDAR POR CASA

En la crisis catalana, primero murieron los hechos, falsificados por una máquina de propaganda tan deshonesta como eficaz.

Ahora llega la vez de los sustantivos. La banalización del fascismo o la dictadura por parte del independentismo es una gravísima ofensa para los millones de personas que lo han sufrido y que todavía hoy viven en regímenes no democráticos que detienen arbitrariamente, encarcelan sin juicio ni abogados e incluso liquidan físicamente a sus opositores. “Presos políticos”, nada menos. En la Unión Europea.

Ayer, en la Redacción, viendo las impactantes imágenes del éxodo de los rohingya y a la luz de la obsesión del independentismo con Kosovo, no me cupo ninguna duda de que el próximo sustantivo en caer será “genocidio”, que alegremente pondrán en circulación cuando se active el artículo 155. Por decencia y respeto, a nosotros y a los demás, debemos decir basta ya a tanta banalización de cosas tan graves. Conozco Kosovo, estuve allí, me impresionó su sufrimiento. He promovido que España reconociera su independencia, como han hecho casi todas las democracias avanzadas. Y sigo creyendo que lo que pasó en los Balcanes es el resultado no de un derecho, sino de un hecho: el abrazo serbio a un nacionalismo genocida basado en la doctrina de la limpieza étnica. La gran Serbia rompió Yugoslavia y la hizo invivible, expulsando a todos de ella. Ahora es una pequeña Serbia pugnando por entrar en Europa.

Los kosovares son una gente maravillosa que ha sufrido de verdad. Y, por desgracia, lo van a seguir haciendo. Porque por culpa de los independentistas catalanes su causa, justa, seguirá pareciendo a muchos un peligroso precedente. Como me dijo un kosovar, si ellos hubieran tenido el nivel de autogobierno que tiene Cataluña y si Serbia hubiese sido una democracia europea como la española, todo aquello no habría ocurrido. Los fascismos retóricos y los genocidios de andar por casa no son divertidos: tienen consecuencias para otros.

Jose Ignacio Torreblanca ( El País )

viñeta de Linda Galmor