La toma de posesión de Fernández Mañueco en Castilla y León, por primera vez con una coalición PP-Vox, contó con la presencia de Santiago Abascal, pero no de Alberto Núñez Feijóo.

Es comprensible la estrategia del presidente del PP de ensanchar la base de sus votantes por el centro, y así lo hizo ayer apuntándose un tanto en Génova reuniéndose con la patronal y los sindicatos. Eso le da la imagen dialogante que siempre le caracterizó.

Sin embargo, esgrimir motivos de agenda para eludir la fotografía que sí se hicieron Ayuso y Rajoy con Abascal en Valladolid no es convincente.

Es obvio que Feijóo preferiría gobernar en solitario si ganase las elecciones, y no junto a Vox. Pero a día de hoy, también es una realidad que son dos partidos condenados a entenderse.

A estas alturas da igual la utilización que pueda hacer Sánchez de más ‘fotos de Colón’ porque su teoría del miedo a la derecha ya no es eficaz. Feijóo pudo ir y no fue.

Pero si lo decidió así, fue deliberado y no por motivos de agenda.

ABC