El esperado discurso del nuevo Presidente del PP, don Alberto Núñez Feijóo, en Barcelona no ha hecho sino confirmar lo que ya se temía: que eligiera el juego y el lenguaje de los independentistas, el diálogo de tú a tú, el hecho diferencial, la autonomía histórica, los millones, las embajadas, lengua propia, policía propia (y nada del español, y nada de la Constitución, y nada del Rey y la Monarquía, y nada del orden público y las Leyes, ni nada de la policía y la Guardia Civil, ni nada del 155, ni nada de cierres de autopistas y autovías, ni nada de la justicia, ni nada de la República… todo eso no es bueno sacarlo a relucir, no sea que se vayan a enfadar).

O sea, que estamos donde estábamos, aunque con caras nuevas. 

Pero, veamos lo que opina el experto don Federico Jiménez Losantos:  

En esos empresaurios, las lágrimas de cocodrilo esconden fauces de caimán. Lloriquean porque el golpe de Estado que dieron no gustó a los golpeados, la mitad de los catalanes y todos los españoles. Y va Feijóo y repite literalmente lo de Casado en RAC1 en las elecciones regionales: que quiere recuperar la señera, como si hubiera estado prohibida alguna vez, y hasta lo del bilingüismo cordial.

Los asesores suevos de Feijóo reeditan el argumentario vándalo, igualmente bárbaro, de Casado. El resultado, que es medible en las encuestas, de aquel discurso de rendición fue que el PP pasó de 4 a 3 escaños y Vox de 0 a 12. ¿Y así pretende recuperar votos Feijóo? ¿O conseguir apoyos nacionalistas para un gobierno del PP en solitario, al estilo del Frankenstein actual, basado en el cordón sanitario contra Vox?

Neocomplejismo suicida 

 Feijóo habló, como Sánchez contra Ayuso, del «neocentralismo», pero desde el neocomplejismo. Halagó, como Sánchez, a los empresarios que quedaron en Cataluña, no a los miles que huyeron en 2017. Nada dijo de la cordial persecución al español, del cordial espionaje a los niños que lo hablan en el patio y a los profesores que lo usan en los pasillos.

Ni del cordial desprecio a las sentencias del 25% en español, que hace unos días dijo que se debía cumplir, pero que ni se cumple, ni él lo reclamó ante los empresaurios. Que fue «un mal negocio», dijo, en vez de celebrar que, por sus conchabeos merecen la ruina y que sigan gimoteando y pordioseando.

¿Pero se ha olvidado Feijóo o pretende, también como Sánchez, que nos olvidemos del golpe de Estado de 2017? ¿Quiere emular a Soraya, que al frente de la Generalidad, se limitó a dejar pasar el tiempo en vez de aplicar el 155 desmantelando las bases del Golpe?

¿Desconoce, como finge hacerlo Sánchez, que una de esas bases eran Godó y los empresaurios? ¿Cuándo dice y repite lo de «nacionalidad» para Cataluña, ¿se olvida de la nacionalidad española, legal y lingüística, que se niega a los catalanes?

¿Ha cambiado algo en el nacionalismo catalán para que el PP no lo combata?

Julio Merino ( El Correo de España )