Ayer, con el debate del Senado en ciernes, en el que Sánchez usó con rastrero ventajismo el tiempo de intervención respecto al exiguo adjudicado al presidente del Partido Popular, un informe de Bruselas propinaba un varapalo al mecanismo de control de los precios de la energía y  puntualizaba que esas medidas coercitivas no garantizan el suministro, quedando así en evidencia el inútil desgobierno sanchista que sigue errando en las previsiones y ahondando más en la crisis que este otoño-invierno va a topar con la paciencia del ciudadano, harto de sufragar el despilfarro sectario a costa del imposible sacrificio de la mayoría de los contribuyentes.

Justo en el momento que Feijóo cuestionaba las medidas energéticas, la Unión Europea ha confirmado la aberrante gestión de la ministra Teresa Ribera, otra inútil del cupo feministoide que no feminista, y el pozo oscuro al que se ha precipitado la economía con las medidas bolivarianas, canallescamente impositivas, que van a convertir estos próximos meses en los más duros para cientos de miles de familias expuestas al frío, también al hambre, por la sevicia socialcomunista, apalancada en el poder pese a que la mayoría de los gobernados expulsan desde las encuestas a los causantes de la peor crisis generalizada desde los inicios de la democracia.

Por la sevicia e inutilidad social comunista, no por la guerra de Ucrania.  Sánchez sólo engaña a los paniaguados que bailan al son de las prebendas gregarias, robando nuestro dinero.

El verdadero debate no está en el Senado, tampoco en el Congreso de los diputados. En realidad la certeza que anula cualquier debate está en la economía de cada hogar,  en el disparatado incremento de impuestos y la precariedad provocada que convierte en harto dificultosa, cuando no dramática,  la obligación perentoria de llegar con las cuentas saldadas a fin de mes.
La percepción inequívoca de que el doctor cum fraude es el causante de todos los desaguisados, en connivencia con los enemigos del Estado,  está en todos y cada uno de los núcleos familiares por sectores  que han padecido un cambio drástico en el devenir profesional desde que el PSOE gobierna con la extrema izquierda. «Antonio» no  engaña a nadie con su perorata a medida de la satisfacción de los simios,  bien pertrechados de nuestros recursos arbitrariamente repartidos, que lo aplauden.
Quien aprovecha el poder para tiranizar desde los despachos la vida de los gobernados, tiende a desligarse de la realidad que se sufre. Cuando el miserable dice haber protegido a la familia y a la empresa, aparte de la mendacidad adjudicable a su hipocresía personal, cabe pensar que en su burbuja de triunfalismo está aislado hasta que le reviente en la cara por sorpresa. Bulle la rabia a su paso y todavía no se entera.
Pedro Sánchez,  el fraude presidencial, el habitual estafador contra nuestro desprevenido Estado de Derecho, podrá comprobar con el paripé de autobombo en las calles de España, y en cuantos vergonzosos eventos planifique para defender su desastroso desgobierno, el hartazgo de millones de víctimas que claman contra la patulea de cómplices del bolivarismo cuya principal misión consiste en sumir en la ruina a España.
De no ser por la contención de Europa, muchas de las embestidas contra nuestro país habrían conllevado consecuencias definitivas en el propósito de convertirnos en una sucursal del Foro de Puebla.
«Estamos ante una nueva etapa de una economía más responsable», pronunciaba ufano el destructor de las clases medias y de la pequeña y mediana empresa que sostuvieron la economía pujante de antaño. Feijóo le replicaba que ha endeudado a los españoles el doble que la media europea y dejaba en evidencia la hipocresía canallesca del sanchismo.
Echar en cara que duerme bien con los podemitas en el gobierno y también con Bildu fue una alusión obligada.Frente al conformismo del sátrapa venció la coherencia, a tiro hecho, de Feijóo. Obligadamente lacónico pero taxativo, el gallego apeó de las nubes al trilero monclovita y evidenció el juego sucio del desgobierno y la demagogia a costa de las carencias elementales de la ciudadanía que hemos pagado el precio más caro de la Luz este mes de agosto, entre tantos desbocado costes.
«Algún día sabremos por qué convirtió a Argelia en un enemigo energético», le recordó a Sánchez las cuentas pendientes de España frente al gobierno más oscuro,  en tantos asuntos sospechosos de delito, de la democracia.
Cuenta cada día para arremeter electoralmente contra los parásitos que se nutren de nuestros sacrificios sin límite, porque la intención intervencionista amenaza con un estallido de la inflación que hará imposible mantener la economía familiar. Igualmente equívoca que el mecanismo de control de precios de la energía,  es la pretensión de la tucana comunista, Yolanda Díaz, de intervenir los precios de veinte o treinta alimentos básicos cuyo control abocaría a la desaparición de múltiples cadenas de producción…Cuanto antes se extingan con sus malintencionadas e ignorantes ocurrencias, mejor.
Este otoño deberían bramar de indignación las ciudades de España con auténtico instinto de supervivencia. A ver si es verdad.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )