Ayer se celebró el Día de la mujer, que antes se llamaba “Día de la mujer trabajadora”, como si las que no tuviesen un empleo fuera de su casa, fuesen unas ociosas, y yo además de felicitarlas con un tuit preferí esperar a hoy para hacer alguna reflexión que no se confundiese con la inercia a la que invitan los aniversarios.

El libre ejercicio de los derechos tiene mucho que ver con el país en el que se vive y el espacio de libertades jurídicas que los amparan, y en honor a la verdad y a las heroicas mujeres que los reivindican y los ejercen con riesgo de su libertad o sus vidas,  me resulta antiestético además de profundamente injusto que  algunas políticas de última hora se erijan en representante de ellas  y se proclamen heroínas de unos derechos que ya habían conseguido otras cuando ellas aún no habían nacido.

El feminismo 4.0 de hoy, sigue estando representado por las mujeres de siempre, que, desde la cola del paro, debajo de un casco de policía, una bata de enfermera, la dirección de una empresa o la cátedra de una universidad, son un ejemplo de dignidad y reivindicación de los espacios políticos, económicos y sociales a los que aun no han llegado otras.

El feminismo es un movimiento reivindicativo, y así lo entiende la mayor parte de las mujeres y hombres con suficiente inteligencia y conciencia de que los derechos humanos son universales.  El derecho a la libertad sexual no puede ser conculcado por acosadores y violadores sobre los que debe caer el peso de la ley.

Lo más chocante de ciertas manifestaciones del feminismo, es que algunos lo interpretan como un patrimonio exclusivo y excluyente en el que no caben otras mujeres u hombres que, estando comprometidos con las mismas reivindicaciones, no son de izquierda, y, por lo tanto, son fascistas, y, por lo tanto, despreciables, y por lo tanto merecedores de ser excluidos de esa reivindicación en favor de todas las mujeres.

La utilización selectiva, excluyente y sectaria de este movimiento universal, dependiendo que quien sea la víctima, en qué país viva, o a qué partido vote, hace mucho daño a la credibilidad de los que promueven.

 A día de hoy, en un país moderno como España, en el que hay más mujeres universitarias en carreras de ciencias que hombres, o son altos cargos en las instituciones del Estado, sigue existiendo siendo necesario trabajar por superar la brecha salarial o de oportunidades que existen entre algunos hombres y algunas mujeres.

Es un reto para todos porque nadie sobra .

Diego Armario