Las milicianas del feminismo del Marxismo Cultural son todas como Medea a punto de hacerle una putada al apuesto Jasón. No son ni carne ni espíritu, son hueso. La metafísica del hueso, pero del hueso polvoriento, tan deshidratado en el desierto nabateo que hasta para un caldo de asilo decimonónico resulta estéril.

Llenas de virtudes revolucionarias y de severidades domésticas, se amontonan en los andenes de la mujer desdeñada empachadas todas de prejuicios sobre la masculinidad que, para ellas, no es más que la cualidad del macho borracho de lujuria. Hasta ahí llegan, las pobres. Por eso quieren volver a casa solas y borrachas; lo primero es inevitable, lo segundo opcional.

Estas hembras de desecho con el corazón de esparto, el vientre multisexual y el alma como un zarzal de harpías organizaron el año pasado un 8M en el que la muerte y el jolgorio se unieron para bailar juntos en la antesala  de las urgencias hospitalarias y de los tanatorios, porque para ellas la única, auténtica y genuina pandemia es el Machismo.

Este año, el Gobiernosu Gobierno, con la boca chica y los esfínteres encogiditos de miedo no les ha dado el plácet para volver a organizar el akelarre de los contagios y están más cabreadas que Medea cuando veía que Jasón le hacía ojitos y cucamonas a Creúsa en Corinto. Para vengarse, la femenista Medea le dio matarile a Creúsa y a los hijos que ella misma había tenido con JasónMérmero y Feres.

Uno de los placeres de Don Juan era hacer aparecer a la mujer que se oculta tras la mujer que se muestra. Cuando a todas  las milicianas del 8M el espejo les diga una mañana que hay relojes, y oigan el aullido de los años en zaga, ningún Tenorio las rondará, por alta que sea la apuesta, porque tras la harpía que se muestra a pancartas desplegadas no hay mujer oculta.

Solo harpías de boca desdeñosa, dogmatismo revolucionario y prusianismo doméstico que convierten la vida en un torrente de imbecilidades cotidianas que hay que observar con talmúdica reverencia, si quieres evitar  que la miliciana feminista que a tu lado mora y que en tu tálamo se acuesta, mude en Medea y se haga una tortilla con tus gónadas, después de haberse hecho un felpudo con tu dignidad y una bayeta con tu masculinidad.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )