La gran nevada experimentada con el paso del temporal “Filomena” ha dejado ver la disfuncionalidad de las diferentes instancias administrativas del desnortado modelo territorial español. Ayuntamientos, Comunidades autónomas y el gobierno central han revelado imprevisión, descoordinación y nulo sentido de la responsabilidad ante una catástrofe por grandes nevadas prevista y anunciada como inevitable desde hacía más de una semana respecto al inicio del suceso meteorológico.

Con la nevada: ambulancias y coches de la guardia civil sin cadenas para circular; equipamientos de quita nieves y 4 x 4 de las brigadas forestales de la Comunidad de Madrid encerrados mientras todavía yacían en carreteras y calles vehículos varados; hospitales inaccesibles días después de la nevada; y lo que es más triste y exasperante: la posibilidad de haber contratado, de forma previa y con antelación, a retro excavadoras de empresas privadas para hacer frente a la emergencia y que no se hizo.

Como tampoco fue elaborado un programa de emergencia destinado a disponer de planificación, objetivos y tareas inmediatas en la capital de España y que contase con la finalidad de despejar accesos a hospitales, grandes arterias de movilidad o barrios que quedaron incomunicados. Los dirigentes regionales así como el ínclito ministro de Transportes José Luis Ábalos, han jugado a lanzar el mensaje de que la nevada “no se podía prever” o, directamente, han echado la culpa al adversario político.

Lo de siempre: el “y tú más” típico del duopolio PP PSOE. El ruinoso estado de las autonomías parido en 1978 y la pifia de una descentralización administrativa mal coordinada y dirigida, ha llevado a los españoles a la desprotección, los accidentes y el caos.

Una administración pública elefantiásica y de instancias superpuestas, cargada de burocracia y politización donde no son funcionarios expertos de renombre y excelencia sino enchufados políticos los que toman las decisiones sobre las emergencias, la vida y la salud, es la culpable. La mastodóntica administración española está copada por medio millón de cargos políticos.

La mayor parte de ellos son prescindibles. Una auténtica ubre que hace unas semanas fue destapada en El Correo de España por don Ramiro Grau Morancho en un artículo (https://elcorreodeespana.com/opinion/448097994/Espana-tiene-445568-politicos-chupando-del-bote-Por-Ramiro-Grau-Morancho.html). El texto trajo a colación una lista, extraída de documentos y boletines oficiales, sobre algunos de los enchufes de la grasa política, perfectamente reducibles en número y eliminables muchos. Son éstos: Diputados y Senadores: 650.

· Parlamentarios autonómicos: 1.206.

· Alcaldes: 8.112.

· Concejales: 65.896.

· Diputados provinciales: 1.031.

· Cargos de confianza en diputaciones: 970.

· Políticos contratados como cargos de confianza: 40.000.

· Políticos empleados en empresas públicas: 131.250.

· Políticos en la Unión Europea: 1.100.

· Políticos en “embajadas” autonómicas: 940.

· Políticos con pensiones de privilegio: 1.600.

· Consejos económicos y asesores: 4.800.

· Defensores del pueblo, menores, mujeres, etc.: 900.

· Observatorios y entes asesores: 2.600.

· Fundaciones públicas: 1.600.

· Empleados Casa Real: 132.

· Organismos de igualdad y prevención de la violencia doméstica: 2.330.

· Agencias de cambio climático y reducción del gasto energético: 480.

· Cargos políticos en la Tesorería General de la Seguridad Social: 800.

· Cargos políticos en el INEM, nacional y regionales: 2.400.

· Cargos políticos en entidades educativas: 1.900.

· Cargos políticos en embajadas nacionales: 240.

· Cargos políticos en medios de comunicación públicos: 630.

· Agencias públicas de regulación: 910.

· Cargos de designación directa en el sistema sanitario: 8.260.

· Cargos de designación directa en el sistema educativo: 390.

· Seguimientos de medios de comunicación y gabinetes de prensa: 200.

· Sindicalistas liberados: 65.130.

Este montón exagerado de apesebrados son la prueba palmaria de una hipertrofia que nos lleva a la ruina económica y fiscal mientras pandemias, “Filómenas” y demás catástrofes asolan España, administrada por el poder público más exagerado pero inútil e incompetente de nuestra historia. Sin embargo voy a narrar el testimonio de cuándo España era una

Nación unitaria, no partida en 17 taifas ni cargada de grasa politicalizada. En aquel tiempo las nevadas y emergencias públicas eran tratadas con tino, certidumbre y acierto por los escasos 22.000 políticos existentes en la Administración, y que capitaneaban a 700.000 funcionarios públicos (hoy son 3.500.000).

La Administración española de entonces era regida por la eficacia y la profesionalidad, tenía en su cúspide al gobierno del General Franco, en las regiones existían los Gobernadores civiles y las Delegaciones ministeriales, y en el ámbito local las Diputaciones y los Alcaldes- sin sueldo público-.

El testimonio lo ofrece mi amigo José Prado Pozas, hombre de 75 años de edad, y que en su muro de Facebook narra cómo vivió episodios meteorológicos dramáticos en el Madrid del año 1969: “En el año 1969, en la antigua provincia de Madrid, perteneciente a Castilla la Nueva, se produjo un fenómeno meteorológico muy extraño, la lluvia «engelante» o un apelativo muy parecido, me puede fallar la memoria.

El fenómeno consiste en que llueve cuando la temperatura es extremadamente baja y la lluvia inmediatamente se congela, convirtiéndose toda la superficie en una pista de hielo.

En aquel tiempo yo me levantaba con tiempo sobrado para ir a trabajar, recuerdo que me afeitaba con maquinilla eléctrica y ponía la radio mientras me aseaba y desayunaba. La radio avisó de que Madrid era una pista de hielo, que las personas se abstuvieran de salir a la calle, me asomé al balcón y vi a tres personas cayéndose y levantándose como podían.

A mí me quedaba todavía tiempo hasta la hora que habitualmente salía de mi casa para ir a trabajar, un autocar nos recogía en diversos puntos del trayecto. No se en aquellos tiempos de la ominosa dictadura quienes serían los responsables de solventar la situación, pero a las 8 h., el autocar estaba en la parada recogiendo a los trabajadores correspondiente a cada punto de recogida.

A las 10 h. la entonces provincia de Madrid, tenía una situación normalizada, los equipos encargados de hacerlo habían cumplido con su misión.

Claro hay que tener en cuenta, que entonces se nombraban para cada tarea, a gente especializada en la misión que se le encomendaba, no a colegas, parientes, o a la pareja, ni a la gente incondicional del líder, o de una sumisión absoluta con el aparato del partido etc…

Como ha cambiado la vida.”

Cómo ha cambiado la vida, dice don José Prado Pozas. Él hoy, a sus 75 años, establece de forma objetiva las bondades comparativas del funcionamiento administrativo del régimen franquista respecto a la disgregación, el enchufismo y el caos del sistema autonómico, politicalizado y corrupto de las Taifas regionales.

José Miguel Pérez ( El Correo de España )