Demasiadas “casualidades” en poco tiempo

Y algo no encaja: nada encaja. Como siempre. Inexistentes bichitos-19 que dicen que matan, «extrañísimo» reventón de la Iglesia de la Virgen de la Paloma en la calle Toledo y, desde luego, la «histórica» nevada. O la «inundación» (¿también «histórica”?), también en La Villa y Corte de Carapolla (joder, qué «casualidad», otra vez Madrid), presagiada para los próximos días.

Y el alucinante añadido del principal astrónomo de Harvard,  Abraham «Avi» Loeb, insistiendo, otra vez, que ha venido a “visitarnos” recientemente altísima tecnología alienígena. Después de la plandemia y Filomena ¿lo próximo que nos preparan estos psicópatas es una invasión extraterrestre, real o falsa, una suerte de Blue Beam? Putos lunáticos.

Político: poder. Poder: mentira y miedo, mienten más que hablan, mienten tal como respiran (aunque lleven un puto bozal en el hocico) y, por tanto, es lógico, dable y necesario sospechar de todo cuanto rebuznan. Desconfiar de todo lo que se dice, incluso llegando a extremos que pudiesen parecer ridículos…aunque quizá no tanto.

Y por supuesto carezco de datos para especular que estos pasados días de frío, coronados por la nieve filoménica sea producto de la geoingeniería climática, aunque, puestos a elucubrar (piensa mal y acertarás), dado que España es un campo de experimentación (y de concentración) en varios terrenos, bien podría ser uno más.

El clima, arma de guerra

Que la nieve artificial existe no es ningún secreto. Se encuentra a la venta al público, siendo uno de sus usos oficiales la fabricación de pañales, la jardinería o los efectos especiales en el cine. Se obtiene con extrema sencillez, mixturando agua y poliacrilato de sodio o de potasio, polímeros absorbentes capaces de retener hasta quinientas veces su masa en agua.

Por otro lado, se sabe que los geoingenieros –militares, preferentemente- que experimentan con el cambio climático (jamás de origen antropogénico debido al malo maloso CO2) usan nitrato de potasio, nitrato de amonio y urea para enfriamientos inducidos y creación de nieve químicamente nucleada, como la que cayó en 2017 en una buena parte de Usa en una de las mayores olas de frío registradas.

Aunque no sea de dominio público, desde hace varios decenios, el clima se está utilizando como arma de guerra.  Tenebroso asunto, chemtrails, geoingeniería en general. Operación Popeye, por ejemplo, guerra de Vietnam. Monsanto y la Dow Chemical fabricando para el Pentágono los denominados “herbicidas del arco iris”, de los que el más célebre es el tóxico agente naranja.

Y Yanquilandia incorporando esta tecnología bélica como parte de su política exterior, tal como figura en el informe de los milikitos yanquis del aire. Poseyendo el clima para 2025, título.  Impresionante poro abierto, tan vinculado a los delirantes calentamientos “güebales” (cierto, a veces la vida te calienta los cojones). Aparte de los yanquis, Rusia ídem. Y China, desde luego.

Sospechar del poder, siempre

Las denominadas armas climáticas existen y son capaces de generar lluvias, nieve, tormentas, rayos y cualquier escenario meteorológico. En cualquier parte de nuestro planeta. Pero también se pueden utilizar para todo lo contrario, a saber, desbaratar frentes de lluvia o de nieve y ocasionar obstinadas sequías. Quien se halle en posesión de estas armas para manipular el clima a su puta bola es el rey del universo, controlando los recursos de la Tierra.

No hablamos, solamente, de minas o petróleo, sino de recursos alimentarios. Provocar hambrunas, obvio, si les place. Deviene espeluznante intuir que ciertas naciones puedan controlar la lluvia, y castigar a los que no se avienen a sus exigencias, con sequías prolongadas, esto es, con diseñadas hambrunas. De esto no se habla, pero es: pacto de silencio global, como tantos…

Y repasado lo anterior, sospechar de la “imprevista” e “histórica” nieve de los pasados días es casi una obligación. En mundo absolutamente mentiroso, sospechar de todo – de todo – deviene necesidad existencial. En fin.

Luys Coleto ( El Correo de España )