FIN DEL CHANTAJE

Ayer fue un día decisivo en dos frentes informativos íntimamente ligados entre sí: el del Gobierno rehén de Pedro Sánchez y el del juicio contra la intentona golpista que se celebra en el Tribunal Supremo. Ayer empezó a despejarse un horizonte político marcado desde hace años por la extorsión del separatismo catalán y vasco, envalentonado desde la moción de censura hasta límites insoportables para cualquier demócrata.

Ayer la Fiscalía General del Estado honró su condición de Ministerio Público y defendió con brillantez la Constitución alevosamente agredida por los imputados, sin desviarse un ápice del marco jurídico vigente y de los argumentos que brindan la ley y la verdad desnudas.

Ayer el Congreso de los Diputados rechazó los Presupuestos Generales de un presidente indigno de liderar esta Nación, encumbrado hasta el poder con el apoyo retribuido de los enemigos de España. Ayer empezamos a ver luz al final de un túnel oscuro de sumisión al chantaje.

La solidez de los alegatos desplegados por los fiscales Javier Zaragoza y Fidel Cadena confirmó que el Ejecutivo había pinchado en hueso al intentar a la desesperada forzarles a cambiar de postura con el fin de conseguir el sí de Ezquerra y PDECat a las cuentas gubernamentales. Las presiones funcionaron con la Abogacía del Estado, obediente a las consignas, pero no con esos dos veteranos representantes de la acusación pública.

Ellos se han mantenido firmes en el delito de rebelión, uno de los más graves que contempla el Código Penal, y ayer demostraron una enorme solvencia profesional en el barrido meticuloso de la hojarasca propagandística esparcida la víspera por las defensas con el propósito de embarrar el juicio presentándolo como una persecución a la ideología de los procesados. Primero Zaragoza y después Cadena, a cuál con más elocuencia, fueron desmontando uno a uno los pretendidos razonamientos (todos de carácter político, ninguno jurídico) empleados por esos abogados para hacernos creer que los acusados son víctimas de un Estado opresor que castiga su modo de pensar.

Agitprop barato, de uso común en los medios de comunicación afines a su causa y en los mítines callejeros, que un órgano como el Supremo no podía dejar pasar. Aún falta mucho proceso antes de que se dicte sentencia, pero ayer quedó muy claro que la Justicia va a cumplir con su deber de actuar como lo que es: un pilar del Estado de Derecho independiente de los demás. El baluarte mejor armado de cuantos se han enfrentado a esos ladrones empeñados en robarnos la soberanía.

Mientras tanto, en el Congreso donde reside la representación de esa propiedad, el presidente más débil que ha conocido nuestra democracia sufría un fracaso estrepitoso al ser tumbados sus presupuestos por la mayoría de la Cámara. Había aceptado la infamia a cambio de la poltrona, sin comprender que el respaldo del separatismo resulta, por definición, impagable.

No hay precio asumible en términos constitucionales que satisfaga sus demandas. Son y siempre han sido socios desleales a España y, por consiguiente, a quien la gobierna. De haber cumplido su palabra de convocar elecciones al poco de acceder a La Moncloa, es probable que las hubiese ganado, aprovechando el tirón de esa victoria inesperada. Prefirió unir su suerte a la de un Podemos en plena descomposición y unos nacionalistas echados al monte de la ruptura, a quienes sabe Dios qué promesas hizo creyendo poder engañarlos.

Isabel San Sebastián ( ABC )
viñeta de Linda Galmor