Si al final se declara ilegal lo que llaman el “franquismo”, esto es, la rectificación histórica que España emprende tras la Victoria del 1 de abril de 1939 contra la canalla roja: los 40 años de Paz y Prosperidad que como bien se ha dicho, fueron la base fundamental para que al fallecimiento del Caudillo, pese a la conculcación que se hizo de la legalidad, la transición fuese posible, la cuestión que se le plantea a España es muy grave desde el punto de vista jurídico.

Grave, porque todo lo que se hizo y pacto, tanto a nivel nacional como internacional, es ilegal. Por ello me extraña que se haya llegado hasta este extremo, como igualmente me extraña que no haya habido un FRENTE JURÍDICO que lo hubiese impedido. FRENTE en el que hubiese estado encantado de haber ejercido la carrera de Derecho, y no simplemente haberla terminado.

Y todo esto dice mucho, de unos y de otros. En definitiva, dice mucho de España, a la que tengo conceptualizada, sin dudas razonables, como una República “coronada” bananera.

    ¿Hubiese sido posible esta ley, tenga mayor o menor recorrido, de haber encontrado oposición más allá de las declaraciones al uso?

    Menudo papelón el de Felipe VI. No gana para disgustos. Primero tuvo que echar a su padre de España, mandarle cuanto más lejos mejor (lo de Sanxenxo fue algo que no se volverá a repetir) y ahora tiene que declararse usurpador. Aunque puede que sea la ocasión para entronizar a la Niña, que es lo que persiguen los herederos del 14 de abril. Borrar todo vestigio de lo que llaman “franquismo”.

    Es lo que ocurre por haber contravenido el “ser” de la forma de Estado que ideó Franco para España, la Monarquía tradicional instaurada por el Estado del 18 de Julio de 1936, que es católica, tradicional, social y representativa, configurada en la Ley Orgánica del Estado (Ley 62/1969, de 22 de julio), que el pueblo español aprobó en un plebiscito. Cosa que nunca se ha hecho con la que tenemos.

    La Monarquía que apoyó Juan Ignacio Luca de Tena“Nosotros somos hijos del 18 de julio y queremos una Monarquía católica, tradicional, social y representativa, más auténtica, efectiva y justa que la basada en el sufragio universal”.

La Monarquía que acepta el propio don Juan, padre de Juan Carlos I: a) “No puedo concebir para España otro Estado que un Estado católico, ni otra forma de gobierno que la Monarquía, ni otra Monarquía que la tradicional” (11 de octubre de 1937). b) Y el 20 de diciembre de 1957: “Don Alfonso Carlos (último pretendiente carlista), en su decreto de 23 de enero de 1936, fijó con ponderada amplitud los principios fundamentales de la doctrina tradicionalista, que yo acepto sinceramente”.

    Frente a esta Monarquía, lo que tenemos es un sucedáneo de Monarquía. Una República “coronada” fundamentada en la división de poderes de Montesquieu: laica (porque la ley es la expresión de la voluntad popular, y según la Constitución en su artículo 1.º 2: “la soberanía reside en el pueblo”, lo que niega el derecho público cristiano y la Verdad revelada), liberal y parlamentaria porque el poder, todo el poder, reside en el Parlamento. INCULSO EN EL PARLAMENTEO ACTUAL.

Una Monarquía que al carecer de “unidad de poder” sólo ha mantenido la apariencia a través de una persona a la que se llama Rey, pero que en puridad la institución monárquica no existe como forma de Estado, como tampoco existe la Corona… Como no sea la que usa de vez en cuando Leticia Ortiz Rocasolano en recepciones y saraos.

    Sucedáneo que define José María Pemán en “Cartas a un escéptico en formas de Gobierno”: “Lo que vamos a defender como sustancia racional de la Monarquía es incompatible con todo mando democrático de pluralidad. No creo que al defender la Monarquía defendamos al muñeco constitucional que las democracias colocaron en las cúspides de sus organizaciones”.

    Así pues, y como carecemos de problemas, abrimos otro. Otro que aprovechará la tropa en su recorrido, aunque bien sepamos que, salvó para los interesados, hoy en versión “felipistas”; para la familia de Leticia Ortiz Rocasolano por razones obvias; para quienes son candidatos a recibir algún título nobiliario, o para esos exquisitos que encuentran en su posición una forma de distinguirse del resto de los mortales, para el resto de los españoles nuestra actual forma de Estado está totalmente amortizada por ineficaz, esto es, porque no produce el efecto esperado….

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )