FRAGATA MÉNDEZ NÚÑEZ: ESPINOSA RETIRADA

La ministra de Defensa, Margarita Robles, intentó ayer minimizar el revuelo generado por la retirada «temporal» de una fragata española del grupo de combate de EEUU en Oriente Próximo. Si bien la decisión del Ejecutivo puede responder a la prudencia, no se deben esconder sus posibles consecuencias para los intereses nacionales. La Méndez Núñez tenía como misión escoltar a la US Navy circunnavegando el planeta.

A raíz de la escalada de tensión entre Irán y EEUU, Washington modificó el itinerario pactado con España y se aproximará a las aguas calientes del estrecho de Ormuz para enviar «un mensaje claro a Irán». España, como Estado miembro de la UE, debe andarse con pies de plomo para respetar la posición comunitaria respecto del espinoso asunto iraní. Por ello la retirada del buque es comprensible.

Pero tampoco cabe engañarse: una decisión así desborda el ámbito técnico al que quiso circunscribirla ayer Robles: también es política. Las formas, en la diplomacia, lo son todo. Y el hecho de estar en campaña electoral a buen seguro condiciona a un PSOE que siempre ha pecado de hipocresía en asuntos de Defensa.

La US Navy aporta a la OTAN el mayor número de efectivos de marinería. Y uno de los objetivos de la Méndez Núñez es vender las bondades de la tecnología española. De hecho, el astillero Navantia opta a un programa estadounidense para adquirir 20 nuevas fragatas de escolta.

Washington podría tomarse esta controvertida retirada como una deslealtad hacia el principal baluarte de la OTAN; en ese caso el coste ya no solo sería político o diplomático: conllevaría un elevado castigo económico.

El Mundo