¡ FRANCO, LEVÁNTATE Y ANDA !

En lo alto de este valle oscuro,

por nadie nunca olvidada,

venerada y sin mota de polvo,

veíase la tumba.

¡Cuánta historia se procuró allí dormir,

como si los muertos yacieran en paz,

cuando imploran la mano valiente,

que la exhume congruente !

¡ Ay !, pensé; cuántas veces el irredento !

ha subsistido más que honrado,

mientras los caídos aguardaban

por esa voz osada: ¡ «Franco, levántate y anda»!

La memoria ha sido insultada,

cual cuneta inundada,

mas parece que por fin,

se acaban las bobadas.

David Lema ( El Mundo )