FRANCODEPENDENCIA

Terminaba el año cuando me encontré a un viejo amigo por la calle. Hablamos de esto y de lo otro y, cómo no, saltó a la conversación la política: Sánchez, el problema de Cataluña, el cambio en Andalucía, las perspectivas electorales. Entonces mi amigo, entre bromas y veras, soltó una hipótesis guasona pero interesante. «Estáis todos equivocados, los políticos, los periodistas, los analistas profesionales.

Las elecciones no dependen de los presupuestos, ni de las encuestas, ni del apoyo de los separatistas catalanes. Dependen de la exhumación de Franco, ésa es la clave. Hazme caso: por estrambótico que te parezca, en situaciones como ésta hay que fijarse en los detalles más extravagantes. Este presidente, que no ha hecho nada relevante, que se estrella en casi todo lo que intenta, necesita un éxito en el que apoyarse.

En la economía está viviendo del legado de Rajoy, y en todo lo demás depende de golpes de efecto que apenas le salen. Desenterrar al dictador es la única promesa que ha hecho, el único envite en el que se ha mostrado tajante, y lo tiene encallado en un laberinto de problemas legales.

Por simbólico que sea, si quiere que los suyos lo tomen en serio tiene que llevar eso adelante. Créeme: un hombre tan obsesionado con la imagen no puede ir a las urnas con Franco en el Valle. Habrá otros factores, claro, pero no vamos a votar hasta que no lo saque».

«Sí, sí, ríete; claro que no es serio. Pero dime qué punto de seriedad, así en general, has encontrado en un Gobierno cuyo compromiso más firme, en la práctica, consiste en desenterrar y cambiar de sitio unos simples restos. Y encima se le atasca por fallos de procedimiento.

Ponte en sus zapatos o, para que no nos riña (con razón) Javier Marías, en su pellejo: con todo lo que presume de mandar, pone todo su empeño en un asunto políticamente tan superfluo y se enreda en un pleito con los nietos de un dictador que lleva cuatro décadas muerto. La familia le ha echado un pulso y, aunque lo acabe perdiendo, sabe que corre a su favor el tiempo.

Es absurdo pero Sánchez se está jugando lo que le quede de crédito. Está al borde del ridículo más tétrico, carne de memes, puro cachondeo. Es el problema de la política de gestos: que si te salen mal se te queda una mueca de muñeco patético. De esperpento».

«Mira, yo no soy un entendido, sólo un ciudadano al que le da exactamente igual lo que hagan con la momia de Franco. Pero veo el panorama y digo: quién va a votar a un tío que ni siquiera es capaz de organizar un traslado funerario. Y si lo puedo pensar yo, lo piensa él: sería un absoluto fracaso.

Por eso te digo que ese maldito proyecto se puede haber convertido en la clave de este mandato. Y que será difícil que haya elecciones anticipadas sin solucionarlo porque es la única satisfacción que va a poder ofrecer a sus partidarios. ¿A que ya no te parece tan raro? Ea, feliz año…»

Ignacio Camacho ( ABC )