FRENAR LA DERIVA DEL INDEPENDENTISMO

La decisión de la Corte de Schleswig-Holstein sobre Puigdemont y la evidente debilidad del Gobierno han envalentonado al independentismo, siempre proclive a encender la mecha de la calle para seguir alimentando sus quimeras. La manifestación del sábado en Barcelona, alentada por las entidades sociales soberanistas, contó con el respaldo del presidente de la Generalitat.

Quim Torra exigió la liberación de los políticos presos y la “vuelta de los exiliados”. Incluso se sumó a la ocupación de la cárcel Modelo de Barcelona, organizada por los comités de defensa de la república (CDR) para mostrar su aliento a la facción más extremista del separatismo.

El Gobierno está obligado a poner freno a esta deriva. Porque la tensión promovida por los secesionistas no solo estriba en una retórica inflamante, sino que se traduce en un acoso cada vez más intenso a la Justicia y la Corona -en una estrategia que cuenta con la complicidad de Podemos- y en un incremento de la presión social, tal como muestran los abucheos a Inés Arrimadas en Canet. Borrell exhortó ayer, durante un acto de Sociedad Civil Catalana, a no reconocer “ninguna superioridad moral” al independentismo. Eso pasa también por que el Gobierno abandone el apaciguamiento y la política de cesiones.

El Mundo