Así como del cerdo me gusta hasta la conversación, del separatista ibérico me repugnan hasta sus gruñidos, incluidos los de sus hembras en celo por muy jamonas que estén, que haberlas haylas.

El separatista ibérico hoza en los bolsillos de los españoles, se ceba y engorda con el carrito de la compra de los españoles quienes, por ignorancia, pereza o indiferencia (que de todo hay) colman sus despensas con los productos fabricados en las pocilgas de los separatistas ibéricos pataamarilla.

Uno de esos porqueros con el hierro de la estelada en el lomo, que retoza en las cajas de los hipermercados como los gorrinos en el lodo, es Xavier Mon, vicepresidente de FRIGO, que en sus ratitos de ocio se solaza en las Redes Sociales componiéndole odas y madrigales a los separatistas catalanes; o sea, cagándose en la putaespaña mientras los españoles le echan el pienso quitándose la mascarilla para chupar sus helados en el horno de la canícula.

Comoquiera que siempre he practicado la máxima que nos enseña que al enemigo ni agua, y en el desierto polvorones, y que en mi carrito de la compra mando yo (bueno, mi mujer, que no me quiero poner galones de guardarropía) hace muchos lustros que ni en mi despensa ni en mi nevera entran productos fabricados por los separatistas ibéricos de chapela y barretina, o de cualquier otro territorio con vocación de taifa e ínfulas cantonales.

Que les den por retambufa a todos, y que ahoguen sus pérdidas económicas, que es la única herida que lamentan, en esa meada de decimonona prensada que llaman cava, y que es al champán lo que una chaqueta de Pablo Iglesias a una blazer de Savile Road.

No le chupes el helado a los separatistas catalanes y si, en el plomo fundido de la canícula, se te va la mano a un FRIGO, hazte a la idea de que, si lo compras, le estarás  lamiendo las almorranas a Luis Companys o chupándole la piel de sapo de la papada a Jordí Pujol.

Y como una imagen vale más que mil palabras, verás qué pronto se te anuda el asco a la boca del estómago y la arcada a la garganta, y eliges otra marca de helados que no provoquen la náusea de FRIGO.

Sólo así conseguiremos que también a los gorrinos pataamarilla del separatismo ibérico les llegue su San Martín. Como a todos los cerdos.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )