FRONTERAS

El coronavirus no tiene fronteras. Es la naturaleza que se burla de la mezquindad del hombre, empeñado siempre en poner estacas y lindes.

El conocimiento y el avance científico, afortunadamente, a esta altura de la civilización, tampoco sabe de contornos. A ver si se enteran Torra y Urkullu, y de paso algún miembro de este gobierno frágil y adolescente, a quien la crisis le ha venido enorme.

Fue todo tan fácil para ellos, que creían que podían seguir demorando las horas en un juego de «playmobil». Pero nada es fácil, y menos la vida, cuyo azar siempre nos golpea con situaciones que estaban fuera de nuestro radar. La estulticia humana tampoco tiene límites.

Nos estamos jugando la vida de centenares de personas, y al nacionalismo desleal de Vascongadas y Cataluña, le sale un sarpullido en la epidermis ideológica, esa que apenas tiene unos milímetros de pensamiento progresista.

Por eso dijo Mitterrand que el nacionalismo era la guerra… y la muerte.

El Astrolabio ( ABC )