FUESE Y NO HUBO NADA

Susana Díaz trató ayer de quitarle importancia a lo que, pese a su formalismo parlamentario, fue el último acto político de un régimen de secano que se ha perpetuado durante casi cuatro décadas, un endemismo sin par en Europa y cuyo final exigía altura de miras, conciencia histórica e incluso cierta dosis de mitología y folclore, como en una clausura olímpica.

Las manifestaciones parafeministas del pasado martes aún tenían la épica que a bordo de un autobús y bocadillo en mano, carretera y manta, ha cultivado el socialismo andaluz desde finales del siglo pasado para institucionalizar su contrarrevuelta. De lo ocurrido ayer en el Parlamento regional, en cambio, nadie podrá pintar un cuadro como el que imaginó Pradilla de la rendición de Granada, esa fiesta regional de Andalucía que pretende Vox, partido cuyo nombre no sale de la boca de la última presidenta de la Andalucía clásica. En su lugar dice y repite «Fuerza Política de Extrema Derecha», más aséptico. De la misma manera que hay cordones sanitarios, existen enjuagues bucales.

«Aquí estaré yo», anuncia Susana Díaz, funcionara sistémica cuya supervivencia parlamentaria parece garantizada en los próximos meses, pero cuya permanencia política depende ahora de una militancia descolocada, sin nada que echarse a la boca e históricamente dócil a un poder que ya no tiene la expresidenta. De aquí en adelante, lo que diga Pedro Sánchez, doctor cum laude en la especialidad de esperar sentado.

«Con mi secretario general puedo tener discrepancias específicas, pero no orgánicas», asegura ahora la diputada Díaz, suave como la seda y flexible como un traje canastero. En lo orgánico, como Sánchez, la expresidenta trata de normalizar la peor situación posible, que en su caso es personal y que intenta relativizar en su nuevo destino corporativo de jefa de la oposición.

Como si nada hubiera pasado en Andalucía o, hace año y medio, en Madrid. Frescura nunca le ha faltado a quien reivindica su proyecto de memoria histórica para que los niños andaluces «conozcan de dónde venimos» -se refiere a la guerra de hace casi un siglo, a Lorca y a la madre de Machado, Ana se llamaba- sin enterarse de ese pasado imperfecto que se llamó Andalucía. Hasta el nombre, y no solo la fiesta regional, habría que cambiarle, como a ese partido cuyas siglas lava Susana con colutorio.

Jesús Lillo ( ABC )