Los viejos del lugar recuerdan, o quizás debería decir recordamos, aquellos años en los que España fue un ejemplo para el mundo en materia de reconciliación, reformas legales, respeto entre diferentes y unidad frente a los peligros que acechaban a la democracia, como eran terrorismo y los intentos de involución golpista.

Yo estuve allí y pude ver cómo los diputados de una y otra bancada del parlamento hablaban, compartían un café o un güisqui en el bar de las Cortes, dialogaban sentados en algún sillón del Salón de los pasos perdidos, se prestaban a presentar un acto en el que iba a dar una conferencia el mayor de sus oponentes políticos, e incluso posaban juntos para una fotografía de Alberto Schommer  personas de ideologías tan radicalmente opuestas como Ramón Rubial, Presidente del PSOE, Raimundo Fernandez Cuesta , Co Fundador de la Falange  , Ignacio Gallego miembro del Comité Central del Partido Comunista , Ramón Serrano Suñer, ministro de Franco. y unos cuantos más que no cito por no alargar la lista de los que aparecen en la foto que acompaña a este artículo.

En cambio hoy unos mindundis, que no les llegan ni a la suela del zapato a muchos de aquellos hombres y mujeres de aquella época, son incapaces de tomarse un café juntos o se niegan a hablar entre ellos, y ayer en un acto institucional con motivo de la Fiesta nacional, Pedro Sánchez y Pablo Casado  ni se saludaron en un momento en el que las cámaras de televisión transmitían los actos oficiales presididos por el Jefe del Estado,  a los que dos ministros Manuel Castells y Alberto Garzón, que siguen sin justificar su sueldo, se negaron a asistir.

Me resisto a analizar desde un punto de vista político ese comportamiento porque de lo que se trata es de una absoluta falta de educación y de respeto por los ciudadanos a los que representan.  Sencillamente son unos maleducados que no respetan ninguna norma elemental de cortesía, muchos de ellos incluso en el vestir… y en el oler, porque algunos apestan.

Esa falta de respeto hacia los ciudadanos y las instituciones tienen que ver con lo que definió el dramaturgo Checo Milan Kundera como “la insoportable levedad del ser”, y aunque es conocida mi simpatía inversa hacia Pedro Sánchez, en este caso también quiero reprocharle a Pablo Casado su indolencia catatónica.

Con la cantidad de gañanes que hay hoy en día en la política española ¿no podrían al menos os jefes de los dos partidos principales dar un mínimo ejemplo de urbanidad y buenas costumbres?

Diego Armario