GARZÓN: ¿ Y TÚ QUÉ VALOR AÑADES ?

Este salvador de salón del proletariado, acomodado ahora en el coche oficial que aparca en los espacios reservados a minusválidos, haciendo ostentación de su poderío de barrio, se ha permitido decir pocos días ha, que el sector turístico, hostelero y de restauración, poco menos que es una basura.

Lo ha llamado de todo: de poco valor añadido, precario, estacional y otras lindezas. Resulta que ahora se acuerda de las industrias, aquellas tales como la siderurgia, la construcción naval, la alimentaria y un largo etcétera, que sus ahora compañeros de viaje se dedicaron a desmantelar y malvender a partir del año 1982 cuando se hicieron con el poder.

Yo trabajaba entonces en el antiguo Instituto Nacional de Industria (INI), el mayor holding empresarial público y viví de cerca cómo se desmantelaban estas empresas, por aquellos señoritos con los que yo estudié y que, como eran señoritos, pudieron irse a hacer costosos másters a Minesota y volver con el aura de un progre-socialismo que no era más que puro capitalismo disfrazado.

Por supuesto no se les movió un músculo a la hora de poner en la calle a miles y miles de trabajadores a los que decían habían llegado para defender. Era la época de los Solchagas, los Boyer, los Solanas y compañía.

Pues este lerdo economista llamado Garzón, que le pida explicaciones a éstos de por qué en España no tenemos una industria de cabecera que hubiera estado acompañada de desarrollo tecnológico del que hoy carecemos.

Aunque ya se lo han recordado muchas voces más autorizadas que la mía, este ágrafo desconoce lo que supone el sector del turismo, la restauración y la hostelería en España en términos de producción, es decir, de aportación a la riqueza del país y de empleo.

Pues mire Garzón: de forma directa, el turismo aporta 70,200 millones de euros al PIB total y 119.820 de forma inducida. En conjunto, 190.090, el 15%. El turismo ya aporta al PIB español tres veces más que la automoción y es el segundo sector que más contribuye al empleo, con un 15% del total, cerca de los 3,0 millones, solo superado por el comercio.

Como economista que soy desde 1970, me da asco y pena tener por colega y por ministro de consumo a un indocumentado como usted que es capaz de ponernos de ejemplo de consumo sostenible a la Cuba del castrismo, cuando pasan hambre a raudales y sus casas y empresas se caen de viejas.

Claro, viven del petróleo venezolano, país al que exportaron su revolución y hasta hace muy poco de la minería boliviana y de la ayuda ruso-soviética. Pero es que acaso, lo que quieren es cargarse nuestra economía para que dependamos de sus dádivas.

Es usted el arquetipo de un pijo-progre que se dice de izquierda, que como todo el mundo sabe se ha aliado para defender los privilegios de la casta globalista mundial. Comunistas defensores y mamporreros de los grandes especuladores financieros como los Rockefeller,  Rothschild, los magnates del G-7, los patrocinadores del Club Bilderberg que año tras años invitan a los líderes mundiales para darles instrucciones. Del afamadísimo Bill Gates que detenta el monopolio operativo de más de la mitad de los ordenadores del mundo y su querida esposa Melinda.

Por cierto, que esta pareja de un inmenso patrimonio, uno de los mayores del mundo, anda metida en asuntos de multiculturalismo, antinatalidad, patrocinios de la ideología de género, con fundaciones que financian a la ONU y en investigaciones pre y post covid para vender a todo el planeta vaya usted a saber qué vacuna y con qué cosas añadidas. Son igualmente socios de Soros y de toda la patulea que les sigue.

A éstos, es a quienes rinde pleitesía este progresista, marxista y defensor de los «parias de la tierra y la famélica legión» según reza la Internacional.

Pues, con este currículo, no tiene reparo alguno en plantarse delante del Rey en el juramento  -en su caso promesa-  de  lealtad a Su Majestad y a la Constitución, cuando en ambos se cisca cuando le viene en gana, con tal de ser ministro, luego exministro del gobierno de España, cobrar por dos años el 80% del sueldo y gozar de una pensión vitalicia.

Antaño, muy antaño, no hablo de ayer, llegaban a ministros los buenos, por no decir los mejores, no necesitaban del sueldo de ministro para poder vivir y con mucho decoro, luego de dejar la cartera. Eran Abogados del Estado, Letrados de Cortes o del Consejo del Reino, Economistas del Estado, Técnicos Comerciales, Ingenieros de prestigio, tótems de la cultura, etc, etc.

Hoy llegan a ministros, individuos como el tuercebotas que nos ocupa y otra patulea adjunta.

Dios nos ampare.

Cartas al Director ( El Correo de España )

viñeta de Linda Galmor