GÉNOVA: NEGLIGENCIA FATÍDICA

El derrumbe de un viaducto en una de las autopistas de acceso a Génova ha provocado decenas de víctimas mortales y ha conmocionado a la opinión pública internacional. El suceso se hubiera podido evitar si tanto la empresa constructora como la adjudicataria de la vía hubieran cumplido con sus obligaciones. Construido en 1967, el desplome no se debió solo al desgaste del cemento armado sino a sus estructuras obsoletas y al evidente deterioro por la falta de mantenimiento. A ello se suma que, de forma absolutamente irresponsable, el Gobierno italiano habían hecho caso omiso de las advertencias de ingenieros y arquitectos sobre los fallos estructurales.

Morandi es el décimo puente y viaducto en desplomarse en territorio italiano durante los últimos cinco años. Resulta completamente inadmisible que, en la tercera economía del euro, las infraestructuras arrastren un estado de conservación tan pésimo e incluso sombras de sospecha por la corrupción. No basta con que el Ejecutivo italiano inicie el procedimiento para que la filial italiana de Atlantia deje de gestionar sus autopistas.

Tampoco con comprometer una investigación que llevará a asumir responsabilidades tarde y mal. Tampoco es aceptable que el ministro Matteo Salvini se atreva a culpar a la UE, pese a que Italia tiene asignados 3.820 millones de euros -1.100 más que España- para infraestructuras de transporte en los fondos estructurales 2014-20.

Lo que deben hacer las autoridades italianas es, por un lado, un exhaustivo examen del resto de viaductos para evitar otras tragedias; y, por otro, aplicar con racionalidad el plan anunciado para acometer la necesaria modernización de las infraestructuras viarias en este país.

El Mundo