No sé cómo son en el trato corto Gabriel Rufián y Pablo Echenique, pero imagino que deben tener su punto de simpatía o amabilidad cuando no hay una cámara frente a la que parece que están obligados a oler a vómito cuando hablan de los demás, y hasta el posible que algunos nos sorprendiéramos oyéndoles contar un chiste o cantando la canción de la Señora Dominga.

Por eso estoy pensando en organizar un día de estos una quedada, con gente a la que no conozco, aunque sé quiénes son o aparentan ser, porque desde que la tecnología ha sustituido el abrazo o el apretón de manos, el café caliente o la cervecera fría por un símbolo de me gusta o una foto de hace años, los modos de relación que hoy se practican entre desconocidos a veces parecen fraudulentos.

No he perdido el instinto, la curiosidad y el oficio de descubrir dónde está la noticia y quién detrás de ella, o si es verdad que cuando alguien prefiere ocultarla es porque piensa que resulta más interesante envuelta en misterio, aunque también es posible que el miedo al rechazo alimente la clandestinidad y convierta una historia irreal en fruto prohibido. Como experiencia sociológica y emocional no deja de tener interés y ayuda a los clandestinos a salir a la plaza pública y decir: “Sí, soy yo ¿qué pasa?”.

En mi oficio alguna vez he tenido que aparentar ser quien no era para tratar con fuentes informativas poco amigables, pero, salvo esos momentos en los que la prudencia exigía ir de camuflaje, siempre me he movido en el mundo real que jamás podrá ser sustituido por la ficción del que huye y se conforma con ser una pieza más del sistema informático en vez de una persona individual e irrepetible.

Cada día me veo con amigos, a veces quedo a comer con personajes que no sé si me van a decir la verdad, pero me resultan útiles para escribir lo que he intuido que piensan, también me relaciono con gente rara muy interesante, y cuando alguien me pregunta cuántos amigos tengo, respondo que unos cuantos, pero no los confundo con los conocidos.  A todos les he mirado a los ojos y si alguien no me ha sostenido la mirada he sacado conclusiones que nunca significan lo mismo

La vida está lejos de las pantallas de los ordenadores que sirven de trampantojo a los que tienen miedo a la realidad sin tamices, pero de la misma forma que hay personas que necesitan ese refugio amurallado para sentirse seguras o no ser descubiertas, hay otras que navegan ligeras de equipaje, bajo la bandera de dos huesos cruzados  y un parche en el ojo.

Diego Armario