GIBRALTAR: LA HORA DE LA VERDAD

Cuando se anunció el Brexit, quienes hemos seguido y vivido el caso Gibraltar nos dijimos: «Finalmente, la ley va a establecerse en el Peñón».

La estableció la Asamblea General de la ONU el 19/12/1967, en su resolución 2.353, en la que tras sentar que Gibraltar era una colonia (lo había reconocido el propio Gobierno inglés al inscribirla como tal) y recordar que «toda situación colonial que destruya total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas», invitaba a los Gobiernos de España y del Reino Unido a iniciar sin demora negociaciones para la descolonización de Gibraltar.

Ha pasado más de medio siglo desde aquella resolución, la ONU la renueva cada año y todos los intentos para hacerla cumplir han sido en vano, algunos por culpa nuestra, la mayoría porque los ingleses, fieles a su lema «lo mío es sólo mío y lo tuyo vamos a compartirlo» se han negado a hacerlo.

Es más, aprovechando su ingreso en la Unión Europea colaron a Gibraltar como «un territorio europeo cuyos asuntos externos lleva un Estado miembro», que ha permitido a los gibraltareños gozar de los beneficios europeos, sin obligación alguna. Pero no hay felicidad eterna en este mundo, y si el Reino Unido sale de la UE, sale también Gibraltar, con su descolonización pendiente.

Pensábamos que la cosa estaba clara, pero vemos que no lo está. Y no lo está no sólo porque ingleses y gibraltareños luchan como gato panza arriba por mantener su situación colonial, sino porque en España encuentran numerosos y potentes aliados.

La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, se ha olvidado de la resolución de la ONU y ha declarado que la idea de una mesa de diálogo con Londres será una «zona de prosperidad compartida, en la que los ciudadanos puedan seguir haciendo lo que hacen hoy». ¿Incluye en esa zona el Campo de Gibraltar? El propio Sánchez ha dado prioridad a los trabajadores transfronterizos, cuyo número varía de 9.000 a 20.000, no sé si por incluir a contrabandistas y administradores de dinero negro.

Los sindicatos dan su apoyo rotundo como los medios de comunicación comprados por Gibraltar. De algo tiene que servir tener la tercera renta per cápita del mundo pese a ser un peñón mondo y lirondo. Aunque el endose más colorido se lo ha dado Teresa Rodríguez, la representante de Podemos en Andalucía, que pide un estatuto semejante al del Vaticano para Gibraltar. Para una anticapitalista militante que desdeña lo eclesiástico, resulta por lo menos curioso.

Pero lo importante es la actitud que tome el Gobierno. Si sigue parapetándose en los trabajadores transfronterizos habría que preguntarse si no nos saldría más barato, aparte de más digno, pagarles un sueldo o, mejor, darles un puesto de trabajo, que ceder no ya nuestros títulos sobre Gibraltar, sino hacer de su Campo una colonia de la colonia de Gibraltar. Pues ésta es la última oportunidad que tendremos de recobrarla.

José María Carrascal ( ABC )