GIBRALTAR NO ERA GUAY

José Manuel García-Margallo, de 74 años y descendiente de una ilustre saga militar, fue el ministro de Exteriores de España entre 2011 y 2016. Puede resultar un personaje un tanto farragoso, de verborrea algo dispersa, a lo abuelo Cebolleta. Pero se trata de un erudito con exhaustivos conocimientos diplomáticos.

El veterano Margallo se sabe al dedillo hasta el más nimio recoveco de cada tratado internacional y actúa en consecuencia. Como ministro de Exteriores -y como patriota español que es- tuvo siempre en mente la anomalía de Gibraltar y supo ver que el Brexit ofrecía una oportunidad única para reivindicar los intereses de España en el Peñón. Bregando en los pasillos de Bruselas, logró que la UE incluyese una cláusula que establecía que en el Brexit todo lo referente a Gibraltar tendría que contar con el visto bueno de nuestro país, que negociaría bilateralmente con los británicos. Aquello supuso todo un gol por la escuadra al Foreing Office.

Pero el pasado junio llega Sánchez al poder de la mano de los separatistas. Falto de escaños para legislar y carente de un programa con una mínima sustancia, intenta marcar estilo distanciándose a toda costa del Ejecutivo «de la derecha». Al nuevo Gobierno, «bonito», «progresista», «feminista» y exhumador, lo de Gibraltar le suena a caspilla retro, a cantinela rancia de otra época.

Así que dejan en suspenso todo el esfuerzo diplomático de Margallo (amén de que Borrell, aun siendo muy inteligente y docto, no es tampoco la persona más templada y mejor organizada del mundo, y su secretario de Estado para la UE ronda lo pintoresco, como concluirá cualquiera que lo observe en acción un ratito).

En lugar de afianzar la capacidad de veto ya conseguida por Margallo, el nuevo Gobierno pasó a pachanguear con Picardo, mandatario de un paraíso fiscal reconocido e incrustado en nuestro territorio, donde hay más empresas que habitantes (ninguna con actividad real allí), donde se blanquea, donde el crimen organizado mantiene una próspera industria de contrabando. Y los meses van pasando…

Mientras Sánchez andaba muy ocupado conociendo el planeta en viajes estériles junto a su mujer y costeados con nuestros impuestos, Theresa May y sus diplomáticos peleaban en Bruselas y han acabado logrando que la capacidad de veto española en Gibraltar se caiga del acuerdo final del Brexit, que se cerrará mañana. Como esos alumnos poco aplicados que lo dejan todo para el día del examen, Sánchez se ha encontrado ahora con que puede hacer el ridículo diplomático en Gibraltar y arruinar para siempre cualquier futura reclamación española.

Bienvenido al patriotismo. Aunque sea tarde y mal (de entrada, ayer no debería estar paseándose por La Habana, sino trabajando en la fría Bruselas por España).

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor