GIBRALTAR, UN AVANCE INSUFICIENTE

Después de una semana en la que el Gobierno ha simulado una férrea presión mostrándose incluso dispuesto a boicotear el Acuerdo de salida del Reino Unido de la Unión Europea que hoy se va a firmar, nos encontramos con un Pedro Sánchezque ayer acabó cediendo respecto a Gibraltar. Eso sí, siguiendo con el aspaviento grandilocuente, el presidente vendió las buenas palabras arrancadas a Londres y Bruselas en el intento de salvar la cara como un paso decisivo para resolver «un conflicto de 300 años». Que la propaganda consiga los efectos que no obtiene la diplomacia.

Sánchez aún tiene hoy la oportunidad de retractarse por responsabilidad de Estado y de negarse a suscribir un Acuerdo insuficiente. Porque no se ha tocado una coma del texto pactado con Theresa May después de dos años de dura negociación, y se mantiene intacto el polémico artículo 184, un gol de Londres para proteger en el futuro la «soberanía británica» del Peñón, en palabras de lapremier. Desde Moncloa se dejó claro que si el Acuerdo o la Declaración política no incluían a Gibraltar, no se podía suscribir. Ahora se desdicen.

El único avance que ayer se consiguió es la firma prevista para hoy de varios documentos que no son jurídicamente vinculantes en los que se reconoce un papel fundamental a España en el futuro de Gibraltar.

El Gobierno británico aclara para atraerse a Sánchez que el 184 no obliga a que la relación futura entre el Reino Unido y la UE afecte a Gibraltar sin el consentimiento previo del Ejecutivo de Madrid, pero al mismo tiempo advierte que «negociará los acuerdos para todos los territorios de los que es responsable en sus relaciones externas», lo que incluye al Peñón.

Queda por tanto el escenario muy abierto y desperdiciamos una inmejorable oportunidad para avanzar en la cosoberanía del Peñón.

A nadie se le escapa que un asunto de la trascendencia del Brexit, desde el punto de vista político, difícilmente puede adoptarse sin el acuerdo unánime de los socios comunitarios. Y esa baza no la podía desperdiciar España, que tiene la legitimidad para defender sus intereses con el ahínco en que se ha negociado por ejemplo lo relativo a Irlanda del Norte.

El Mundo