Lo que está sucediendo con el Ingreso Mínimo Vital es uno de los muchos ejemplos de hasta qué punto el Gobierno de Sánchez e Iglesias vive fundamentalmente de la propaganda, que se compadece bien poco con los hechos cuando se testan con la realidad.

Después de tres meses y medio desde que se puso en marcha esta medida -vendida desde Moncloa como el paradigma de lo que una coalición de progreso podía hacer por el bienestar social-, de las más de 830.000 solicitudes la Administración aún no ha resuelto ni siquiera un 10%.

La familia Mendoza Moto es una de tantas en España que ahora mismo están sufriendo una situación verdaderamente dramática, sin ingresos ni propiedades o ahorros de los que poder tirar.

Como cuentan hoy en nuestras páginas, no han tenido noticia ninguna desde que en mayo presentaron la documentación para acceder al Ingreso Mínimo, a pesar de que conviven el matrimonio, en paro, con un hijo pequeño y la abuela, perceptora de una renta mínima de inserción de poco más de 500 euros mensuales.

Su desesperación es la misma que la de tantos ciudadanos que se han topado contra el muro de una gestión gubernamental pésima.

Los técnicos del Ministerio de Seguridad Social alertaron hace muchas semanas del colapso que iba a producir la tramitación de esta ayuda. Y, sin embargo, solo en los últimos días el Gobierno parece haberse convencido de la necesidad de destinar más personal para tratar de desatascar una situación que, con todo, puede ser un caos hasta dentro de varios meses.

Y eso que, cuando se aprobó, el Ejecutivo se empeñó en dejar al margen a las comunidades autónomas. Salvo al País Vasco y Navarra, porque ya se encargó el PNV, como siempre, de arrancarle la gestión, generando otro de tantos agravios comparativos entre territorios.

En Moncloa hicieron caso omiso a los expertos que advirtieron de que una herramienta de este calibre necesitaba una preparación mucho más cuidada y que para potenciar la ayuda económica a los más desfavorecidos existían vías más idóneas y realistas como la de aumentar las dotaciones autonómicas ya existentes.

 No querían dejar Sánchez e Iglesias de marcarse un tanto propagandístico y de presumir de algo que en poco tiempo se tornó en profunda decepción ciudadana.

Las situaciones de vulnerabilidad se han disparado en nuestro país a raíz de los efectos de la crisis económica y social provocada por el coronavirus. Y la negligente gestión de la pandemia está contribuyendo a que la segunda ola de contagios aleje por completo las expectativas de recuperación económica en muchos sectores para este segundo semestre del año.

Así las cosas, resulta inadmisible que desde el Gobierno se esté jugando con la esperanza y la necesidad de tanta gente desesperada. Desde el Ministerio de Seguridad Social repiten como única excusa que «el proceso de tramitaciones es muy complejo», como si no tuviera nada que ver en las trabas burocráticas y en el farragoso mecanismo aprobado.

Gobernar es gestionar con calidad y eficiencia pero, claro, es más fácil vivir del autobombo y la publicidad engañosa.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor