GOBIERNO ZOMBI

Lo bueno de que tus hijos veinteañeros te hagan hueco en sus apretadas agendas estivales y te concedan una semana de vacaciones en familia es la sensación de recuperar el tiempo perdido. Lo malo es que hacen preguntas. «¿Esta mole para un dictador enano?». Que Guzmán, 21 años, resuma sus sensaciones ante la tumba de Napoleón de manera tan descarnada no me sorprende. Que acto seguido añada «y en España vamos y queremos desenterrar a Franco. Somos gilipollas» lo atribuyo a los ocho kilómetros pateados por París bajo un sol que parecía hispano. Quizá porque ando desentrenado, apenas alcancé a responderle: «Hijo, no es lo mismo».

A Guzmán no le convenció mi apresurada respuesta, algo habitual en nuestros duelos padre-hijo. Lo que tengo claro es que desenterrar a Franco, revivirlo en acertadísimo hallazgo de Ignacio Camacho, no es cosa de gilipollas sino de tipos muy listos. El caso es que a Franco lo enterraron los españoles hace décadas, en un ejercicio de asunción democrática que se estudia hasta en las universidades norteamericanas. Eso que llamamos la Transición.

Resulta que para un Gobierno con vocación zombi y propensión a la mercadotecnia electoral el dictador debe seguir vivo. Lejos de sepultar su memoria bajo toneladas de hormigón lo que tocaba es ponernos a un lado a unos y a otros. Los que como a Guzmán, Franco les parece un dictador enano que no interesa a nadie entrarán en la cada vez más nutrida, por laxa, lista de neofascistas. Da igual que el ultimo CIS dedicado a Franco, allá por 2008, aclarara al político que lo quisiera entender y no utilizar que para la inmensa mayoría de nosotros, los españoles, el sujeto no pasa de ser un lejano y mal recuerdo.

Al final uno tiene la sensación de que, a lo peor, no es que Sánchez resucite a Franco sino que igual es el presidente el que necesita a Franco para resucitar. Eso, o que somos gilipollas, Guzmán dixit.

Agustin Pery ( ABC )